Agresores sexuales acechan a niñez y adolescencias en redes sociales

Escrito por Ruda

Las redes sociales se han convertido en espacios donde los agresores sexuales acechan a niñas y adolescentes. A través de perfiles falsos y promesas engañosas, estos delincuentes vulneran la seguridad de las menores de edad.

Por Ruda

Las redes sociales y las tecnologías digitales se han convertido en una herramienta utilizada por agresores sexuales para contactar, manipular y abusar sexualmente de menores de edad, según lo evidencian sentencias judiciales relacionadas con las nuevas tecnologías e informes de organizaciones e instituciones de la región. 

En El Salvador, el 21 de octubre del año pasado, un tribunal de sentencia condenó a 23 años de prisión a Alexander Antonio Fuentes Martínez, pandillero de la MS-13, por abusar sexualmente de una adolescente y por adquirir e intercambiar material sexual de la víctima mediante el uso de tecnologías de la información y la comunicación.

El pandillero fue capturado en octubre de 2022, durante el régimen de excepción. Tras su detención, las autoridades encontraron en su teléfono celular evidencia del delito de abuso sexual, así como amenazas de muerte contra la víctima para obligarla a enviar fotografías y videos de contenido sexual.

El tribunal le impuso 13 años de cárcel por la violación agravada de la menor de edad, 4 años y medio por el intercambio de mensajes sexuales y 5 años y medio por la posesión de material pornográfico infantil, delitos cometidos a través del uso de las tecnologías de la información y comunicación. 

Manipulación desde plataformas digitales

En otros casos los agresores establecen contacto con las víctimas a través de las redes sociales hasta ganar su confianza para reunirse con ellas, donde luego bajo amenazas son obligadas a tener relaciones sexuales. 

El 30 de octubre de 2025, Alexis Isaac Hernández Cruz fue condenado a 20 años de prisión por el delito de violación en menor o incapaz de forma continuada.

La sentencia estableció que el agresor contactó a la víctima por medio de redes sociales. La niña, residente en Santo Tomás, al sur de la capital salvadoreña, relató que el imputado ganó su confianza y la convenció de encontrarse con él. 

Posteriormente, bajo engaños, la llevó a su vivienda, donde la retuvo y abusó sexualmente de ella durante dos días.

Asimismo en noviembre del año pasado, un tribunal impuso una pena de 13 años de cárcel a Lennin Ernesto Menéndez Osorio, acusado de abusar sexualmente de una joven a la que conoció a través de Facebook.

De acuerdo con el testimonio de la víctima, el agresor inició la comunicación por redes sociales y, mediante manipulación, la convenció de reunirse. En el encuentro, la llevó a un motel, donde la violó y posteriormente la amenazó para que no denunciara el hecho.

Aunque Menéndez Osorio se encuentra prófugo, fue condenado por violación sexual agravada, ya que la legislación salvadoreña permite juzgar y sentenciar a imputados ausentes. 

En Guatemala, una investigación periodística realizada con el apoyo de Connectas reveló que entre 2016 y 2024 unas 12 niñas y adolescentes, de entre 12 y 16 años fueron explotadas sexualmente por pandilleros en las cárceles de Guatemala, luego de ser escogidas en redes sociales. 

La investigación señaló que los agresores identificaban y seleccionaban a las menores de edad a través de perfiles digitales para iniciar el contacto, luego las atraían con engaños.

En muchos casos, el contacto escalaba rápidamente a amenazas y chantajes para obligar a las menores a someterse a la voluntad de los agresores, quienes las trasladaban en taxis y mototaxis hacia las cárceles donde eran violadas por los pandilleros. 

Estas acciones contaban con la complicidad y corrupción de los agentes carcelarios, lo que permitía que los protocolos de ingreso fueran ignorados o vulnerados sistemáticamente y los pandilleros operaran con libertad desde el interior de las celdas, utilizando teléfonos celulares que, teóricamente, están prohibidos en el Sistema Penitenciario.

La investigación destacó que la vulnerabilidad económica y la falta de supervisión en entornos digitales permitieron que los agresores, muchos de ellos cabecillas de pandillas, contactaran fácilmente a las víctimas. 

En otro caso, cuatro adolescentes fueron acusados penalmente en enero de 2025 por la creación y distribución de fotografías pornográficas falsas de sus compañeras de clase, generadas mediante inteligencia artificial (IA).

Tanto las víctimas como los presuntos agresores eran estudiantes del colegio Continental Americano, localizado en la zona 17 de la capital. 

Los sospechososos fueron acusados ante el Juzgado de Primera Instancia de adolescentes en conflicto con la ley penal por los delitos de violación a la intimidad sexual, difusión de pornografía de personas menores de edad y posesión de material pornográfico de personas menores de edad.

El 9 de agosto de 2024, varias estudiantes se percataron que en los celulares de sus compañeros circulaban montajes de sus rostros en escenas pornográficas, las cuales posteriormente fueron compartidas a través de redes sociales.

Tras un pronunciamiento público por parte de las autoridades del colegio, representantes de diferentes instituciones guatemaltecas presentaron una denuncia ante el Ministerio Público (MP) para que investigara si los hechos eran constitutivos de delitos. 

Grupos más vulnerables

Estos casos no son aislados. Durante el foro Conectadas y seguras: avances y desafíos hacia la erradicación de la violencia digital contra las mujeres y las niñas en América Latina y el Caribe, realizado en noviembre del año pasado, la directora regional del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Susana Sottoli, advirtió que las y los adolescentes son particularmente vulnerables a la violencia digital por encontrarse en “una etapa formativa de descubrimiento”. 

“Los espacios digitales no solo atraviesan sus vidas, sino que moldean su subjetividad y afectan profundamente su autonomía corporal”, afirmó. Según Sottoli los datos regionales “son contundentes y no admiten ambigüedades ni indiferencia”.

La especialista detalló que el 80% de chicas entre 13 y 24 años han recibido imágenes sexuales no deseadas; el 67% de jóvenes menores de 25 años reportó haber sufrido algún tipo de violencia digital; y siete de cada diez denuncias corresponden a niñas, niños y adolescentes. 

La representante del UNFPA explicó que la digitalización incide en cada dimensión del desarrollo de adolescentes y jóvenes, desde la manera en que construyen vínculos y acceden a la información, hasta cómo procesan su identidad, negocian su intimidad y configuran su relación con su propio cuerpo. “Las maneras de explorar, expresar y compartir la sexualidad se amplían en los entornos digitales, pero también lo hacen los riesgos”, señaló.

Finalmente indicó que desde principios de los años 2000, el UNFPA impulsa una estrategia global orientada a generar evidencia sobre violencia digital, promover marcos legales y visibilizar la problemática a través de campañas internacionales.

Educación es importante

Carolina Escobar, directora de la asociación La Alianza, la cual brinda protección a sobrevivientes de trata y violencia sexual, advierte que aunque en Guatemala persiste la captación de víctimas de trata de forma presencial, el riesgo ha aumentado con el uso de las redes sociales. 

La especialista explica que uno de los factores de riesgo es que las adolescentes buscan respuestas rápidas a sus demandas, y las redes sociales e internet facilitan interacciones rápidas, lo que puede ser aprovechado por los agresores. 

Por otra parte, manifiesta que  las redes sociales ofrecen un espacio más seguro y menos visible para los agresores, ya que las madres y los padres, no pueden supervisar a sus hijas todo el tiempo.  

“Ha pasado a ser un espacio más seguro para los agresores, porque los papás no pueden estar 24/7 sobre una hija adolescente y ellas sí pueden pasar muchas horas del día en redes comunicándose con los posibles agresores”, dice. 

Esta situación se agrava debido a que en muchas familias deben trabajar ambos padres, disminuyendo la supervisión hacia sus hijas e hijos. 

Por ello, Escobar enfatiza que es importante prevenir los riesgos de manera integral que incluya al Estado, la familia, redes de apoyo local, instituciones educativas y las propias niñas.

“Sobre todo darle herramientas a las mismas niñas y adolescentes para que aprendan a reconocer un engaño o a diferenciar señales de alerta que pueden ponerlas en peligro”, manifiesta. 

Además, considera que es fundamental brindar a las niñas, desde los primeros años de su vida,  información que sea comprensible, según su edad, sobre sus cuerpos. Esa educación debe ser desde la familia y la escuela. “Yo creo que una niña informada es una niña que podría tomar mejores decisiones”, asegura. 

Escobar resalta la importancia de la eduación porque, según datos del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva el 89% de las víctimas de violencia sexual, son afectadas por hombres cercanos a su entorno y un 30%, o sea la tercera parte, los agresores son los padres biológicos. 

¿Qué hace el Estado?

Danissa Ramírez, secretaria ejecutiva de la Secretaría contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas de Guatemala (SVET) explica que el uso de la tecnología y las redes sociales ha generado importantes beneficios; pero ha incrementado la exposición de niñas, niños y adolescentes a diversos riesgos. 

“Se ha identificado que agresores y depredadores sexuales utilizan las redes sociales como uno de los principales medios de captación”, dice la representante de SVET.

Ramírez añade que estos a través de perfiles falsos, inician comunicación con las víctimas, generan confianza y posteriormente desarrollan procesos de manipulación, seducción o chantaje para obtener imágenes o videos con contenido sexual, lo que en algunos casos puede derivar en situaciones de violencia sexual presencial.

Entre los riesgos identificados por el SVET están: el contacto con personas desconocidas que utilizan perfiles falsos o identidades simuladas, la captación con fines de explotación sexual a través de engaños, promesas o manipulación emocional y el grooming, entendido como el proceso mediante el cual una persona adulta gana la confianza de niñas, niños o adolescentes con fines sexuales.

Por otra parte señalan la solicitud o intercambio de imágenes y videos con contenido sexual, el chantaje o sextorsión, utilizando material íntimo para presionar o amenazar a las víctimas, la exposición a contenidos sexuales inapropiados para su edad y la vulneración de la privacidad y el uso indebido de información personal.

En 2025, SVET hizo una encuesta con 1,137 niñas, niños y adolescentes, entre 11 y 17 años, en los departamentos de Guatemala y Suchitepéquez, sobre el uso de las nuevas tecnologías. 

Los datos revelan que más del 65% se conecta diariamente a internet y redes sociales, más del 70 % no cuenta con controles parentales, un 20% tuvo acceso a dispositivos digitales antes de los 9 años y el 35 % aseguró haber chateado con personas que no conoce.

“Estos datos refuerzan la necesidad de fortalecer de manera continua las acciones de prevención, así como de promover el acompañamiento y la supervisión responsable del uso de dispositivos tecnológicos por parte de padres, madres, docentes y personas cuidadoras”, manifestó Ramírez. 

La Secretaria de la SVET enfatizó que el año pasado se implementó la Estrategia Nacional para la Prevención de los Delitos de Explotación Sexual Infantil en Línea “MODO DIGITAL” para  fortalecer las capacidades sociales e institucionales sobre seguridad digital, riesgos en línea y mecanismos de denuncia y la promoción de  entornos digitales seguros.

Una de las herramientas más importantes es el Chat de Consejería OLIVET, disponible por medio de WhatsApp al número 2504 8888, que brinda orientación y acompañamiento.

Asimismo el sitio web www.mododigital.net.gt ofrece recursos interactivos y guías educativas dirigidas a adolescentes, familias, docentes y público en general.

Principales recomendaciones del SVET para el autocuidado digital para la protección de niñas y adolescentes:

  • No compartir información personal o sensible en redes sociales.

  • No aceptar solicitudes de amistad ni mensajes de personas que no conozcan en la

vida real.

  • Mantener los perfiles en modo privado y revisar periódicamente la configuración de

privacidad.

  • Desconfiar de perfiles desconocidos o que aparenten ser “perfectos”.

  • No ceder ante presiones, amenazas o chantajes.

  •  Utilizar las herramientas de bloqueo y reporte de las plataformas digitales.

  • Hablar siempre con personas adultas de confianza cuando alguna situación genere

incomodidad, miedo o confusión.

  • Recordar que la seguridad personal es más importante que cualquier “like” o número de seguidores.

  • Conocer sus derechos en el entorno digital e identificar instituciones del Estado que pueden orientarlas y protegerlas.

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