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De sexualidad sí se habla

Escrito por Emma López

Si nos preguntaran de frente y una a una o uno a uno, seguramente coincidiríamos en el repudio y condena que nos causa  la violencia sexual, y la urgencia que tenemos como país para su erradicación; sin embargo, cuando nos adentramos en la conversación, las formas de hacerlo suelen variar, y esto está relacionado a nuestra experiencia situada, nuestra formación, nuestros valores, las emociones que nos atraviesan y básicamente las formas en las que comprendemos el mundo. 

Por Emma López Penados

Algunas personas proponen que los agresores sean enviados a cárceles de máxima seguridad, otras medidas más reaccionarias como someterlos al mismo trato que las víctimas-sobrevivientes; y en casos más severos se pide reactivar la pena de muerte, lo que sea para hacer pagar por el vejamen cometido. No les juzgo, la rabia y la impotencia están presentes, especialmente cuando se trata de niñez y adolescencia a quienes les debemos condiciones dignas y seguras para su desarrollo pleno. 

Atendiendo a estas demandas, incluso en 2021 la bancada VIVA, particularmente el diputado Armando Castillo, propuso una reforma al código penal para aumentar las penas de prisión y agregar la castración química como pena adicional. La castración consistía en el uso de fármacos para la disminución de la testosterona y el deseo sexual. Aunque la iniciativa respondía a una idea popular, se quedó en eso, en el pópulo, pues contravenía principios no solamente legales sino técnicos y éticos que deben ser tomados en cuenta. 

Esa no es la única ley propuesta, pues ha sido un tema en debate al menos durante la última década, no me daría tiempo de nombrarlas todas y tampoco es el sentido de este texto, pues además escasamente han llegado a integrarse en el marco legal del país.

Sin embargo, en los últimos días también pudimos ver la aprobación del decreto 10-2026 "Ley para Prevenir el Abuso Sexual Infantil", la cual deviene de una serie de conversaciones desarrolladas en mesas técnicas donde las posiciones fueron tan diversas como personas en la sesión.

En términos generales, la ley impulsó una reforma para el aumento de penas para relaciones sexuales que involucren a un adulto y un/a menor de 18 años. Previamente la edad de consentimiento estaba establecida a partir de los 14 años y eso dejaba un vacío legal relevante para las y los menores de 15,16 y 17 años en relación a adultos que incluso les doblaban la edad, pero bajo la premisa del consentimiento, aunado a un sistema de justicia incompetente e indiferente, salían bien librados a pesar de ser evidentemente una relación de poder. 

Pero, aunque parece ser una medida relevante, hay un elemento que ha llamado la atención especialmente en organizaciones de base juvenil, aunque no son las únicas, que advierten sobre la reforma que nombra también las relaciones entre adolescentes y jóvenes, a quienes sanciona a través de medidas socioeducativas, colocando más control sobre el ejercicio de la sexualidad y reafirmando su connotación negativa. 

Surgen preguntas, por ejemplo, con el caso de jóvenes de 18 años en pareja con jóvenes de 17 años en las cuales el nivel de madurez y acceso a poder es similar. Sin embargo, uno es catalogado como un adulto y el otro es un adolescente. 

Dudas sobre estas medidas socioeducativas, ¿quién las brindaría? ¿con qué enfoque?, etc. 

Lo único que reafirmo con estas discusiones es: 

1o. Aunque socialmente se diga que de sexualidad no se habla, en realidad está en el centro del debate todo el tiempo. 

2o. La Educación Integral en Sexualidad (EIS) es la deuda que ninguno quiere saldar.

No es cierto que no se hable de sexualidad, se nos educa incluso con el silencio, con los temas prohibidos, con la incomodidad que es aprendida y no natural. Pero seguimos hablando de sexualidad de forma negativa, llena de miedos, de abusos, de violencia y temor. El debate se centra en los agresores, en el castigo y en salvaguardar los valores que solo existen en el discurso porque de existir en la práctica otra cosa seríamos. 

La Educación Integral en Sexualidad es una propuesta teórico-metodológica que involucra a la familia, la comunidad, la escuela, al sector salud y al Estado en su conjunto a facilitar el espacio para el desarrollo de competencias que permitan la mejor toma de decisiones en relación a la sexualidad desde una perspectiva de derechos, pero principalmente provocando el autocuidado, mutuo cuidado y socio cuidado. 

Además, es una propuesta gradual, es decir, genera bases desde la niñez hasta la vida adulta según las distintas etapas de desarrollo; porque no, los agresores no se forman en la adultez, lo hacen desde un sistema que ha permitido y enseñado que los cuerpos, principalmente de las mujeres, están a su servicio, y eso se aprende desde temprano en la vida. 

Además, nos invita a vivir nuestra sexualidad desde una visión positiva. O sea, no desde el temor sino abrazándola como una dimensión más de nuestra vida. Una dimensión importantísima y con un potencial enorme para construir nuestras vidas lo más cercano a la felicidad y el placer. Sí, dije placer, porque no es una mala palabra. 

La evidencia científica arroja una serie de beneficios al garantizar la EIS, tales como: retraso en las relaciones sexogenitales (¡Oh, sorpresa!), relaciones más equitativas, prevención de embarazos e Infecciones de Transmisión Sexual -ITS- (incluido el VIH), mejora la comunicación familiar, entre otras. 

Algunas personas se oponen a la EIS porque desconocen de qué se trata y han sido víctimas de la desinformación que desvirtúa completamente el contenido y objetivos de la misma. Pero hay un grupo que conoce perfectamente de qué se trata la EIS y es precisamente por eso que se oponen, porque saben bien que en tanto más nos apropiamos de nuestros cuerpos y nuestras decisiones, más libres y autónomas/os nos convertimos y más es nuestra exigencia por vivir una ciudadanía de calidad. 

Ese es el peor grupo, el más nocivo, quienes nos arrebatan y le arrebatan a la niñez, adolescencias y juventudes esa oportunidad. 

Tú y yo, sigamos exigiendo EIS, no lo pienses, hagámoslo. 

Participaron de esta nota

Emma López

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