Denuncias de acoso contra el músico guatemalteco “Yecto” exponen años de violencia contra mujeres sin aparente respuesta institucional
Escrito por Ruda
Desde 2019 denuncias públicas en redes sociales, testimonios de sobrevivientes y resoluciones judiciales han señalado a Giacomo Jessé Alejandro de León, conocido como “Yecto”, por comportamientos de acoso, amenazas y violencia contra mujeres. Sin embargo, pese a la persistencia de los señalamientos y la existencia de medidas urgentes y cautelares emitidas por un juzgado, las denuncias no han tenido una respuesta clara por parte del sistema de justicia.
Por Ruda
En la escena musical independiente de Guatemala, particularmente en circuitos vinculados a la música electrónica y eventos culturales en La Antigua Guatemala, el nombre “Yecto” ha circulado durante años. Detrás de ese alias se identifica a Giacomo Jessé Alejandro de León, señalado públicamente por mujeres por comportamientos de acoso, amenazas y violencia.
Su presencia se ha construido principalmente en espacios alternativos, redes sociales y eventos locales. Sin embargo, es en esos mismos espacios donde también han circulado, desde hace años, advertencias, denuncias y testimonios en contra de sus actos.

Foto: Captura de pantalla de uno de los correos en donde Yecto amenaza.
Mientras su actividad en estos círculos ha continuado con relativa normalidad, el contraste es evidente: algunas de las mujeres que lo señalan han tenido que modificar radicalmente sus vidas, cambiar de residencia, tomar acciones para resguardar su integridad e incluso salir del país para protegerse.
Este no es un caso reciente, desde febrero de 2022 este medio digital feminista ya había dado seguimiento a denuncias y testimonios que advertían sobre estos señalamientos en redes sociales. Desde entonces, distintas mujeres han continuado haciendo públicas sus experiencias, evidenciando un patrón que se repite y se sostiene en el tiempo.
De testimonios aislados a una denuncia colectiva
En redes sociales, los relatos comenzaron a aparecer uno tras otro. Mujeres jóvenes empezaron a nombrar experiencias, en las cuales dejaron ver que por mucho tiempo habían permanecido en silencio.
Lo que inicialmente parecía un caso aislado se transformó en una denuncia colectiva.Historias de violencia psicológica, manipulación, amenazas y control que, al entrelazarse, construyen un patrón: el señalamiento hacia una misma persona.
No se trata únicamente de relatos individuales, sino de una acumulación de experiencias que coinciden en dinámicas de poder, coerción y violencia. En un país donde denunciar implica riesgos, revictimización y procesos judiciales largos, la denuncia pública se convierte muchas veces en el primer acto de justicia.

Foto: Captura de pantalla de una denuncia en X
Un patrón que se repite
Los testimonios recabados en redes sociales describen situaciones similares: relaciones marcadas por el control emocional, la vigilancia constante y el aislamiento progresivo de las mujeres a redes de apoyo.
En uno de los relatos, una sobreviviente describe cómo él determinaba con quién podía hablar, revisaba sus mensajes en el teléfono y la seguía, casi al acecho. “Podés gritar porque nadie te va a ayudar”, le habría dicho en una ocasión.
Según estos testimonios, también hubo agresiones físicas, lanzamiento de objetos, amenazas dirigidas a familiares y uso de cuentas falsas para continuar el hostigamiento y poder ocultar su identidad, para no dejar rastro procurándose impunidad.
Aunque cada historia tiene matices propios, la reiteración de estos comportamientos permite identificar un patrón que responde al ciclo de violencia: control, escalamiento, intimidación y repetición.

Foto: Captura de pantalla de uno de los correos amenazando a una de las sobrevivientes
La violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual, constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres, que tiene terribles consecuencias sociales y sicológicas que repercuten en la manera en cómo se relacionan con otras personas y en su propia vida.
Las estimaciones mundiales publicadas por la Oorganización Mundial de la Salud (OMS) indican que alrededor de una de cada tres (30%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de su pareja o violencia sexual por personas cercanas y terceros en algún momento de su vida.
La mayor parte de las veces el agresor es la pareja. En todo el mundo, casi un tercio (27%) de las mujeres de 15 a 49 años que han estado en una relación informan haber sufrido algún tipo de violencia física y /o sexual por su pareja.
Evidencia documental: denuncias públicas, medidas judiciales y mensajes
A los testimonios de las víctimas se suma evidencia documental que ha circulado de forma pública desde hace varios años.
Este medio tuvo acceso en redes sociales a información relacionada con oficios judiciales, estos fueron emitidos en 2019 y 2020 por un Juzgado de Primera Instancia Penal de Delitos de Femicidio y otras Formas de Violencia contra la Mujer, en los que se dictan y prorrogan medidas de seguridad contra Giacomo Jessé Alejandro de León.
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Foto: Copias de oficios judiciales emitidos por un Juzgado de Primera Instancia Penal de Delitos de Femicidio y otras Formas de Violencia contra la Mujer
Estos documentos establecen restricciones como la prohibición de intimidar, comunicarse o acercarse a la agraviada, incluso por medios electrónicos.
Las capturas de pantalla de estos documentos, junto con correos electrónicos que circulan en redes sociales son atribuidos al señalado, lo que permite ver una constante en su comportamiento, por lo cual no son recientes ni aisladas. Forman parte de denuncias públicas que sobrevivientes han compartido en redes sociales desde al menos 2019, donde se advierten patrones similares de acoso, amenazas y hostigamiento.
En uno de los correos se lee: “A mí la policía y el juzgado me valen… yo siempre haré lo que yo quiera”.
Lo que comenzó a circular hace varios años ha vuelto a cobrar fuerza en 2026. Nuevas mujeres han denunciado experiencias similares, reforzando la existencia de un patrón sostenido en el tiempo.
Acoso que no se detiene
Uno de los casos más recientes documentados evidencia la persistencia de la violencia incluso fuera del país.
Tras finalizar la relación y presentar una denuncia, una de las sobrevivientes decidió salir de Guatemala por seguridad. Sin embargo, el hostigamiento continuó.
En un testimonio brindado al medio digital feminista Ruda, quien pidió resguardar su identidad, relató que el acoso persistió incluso después de su salida del país.
Según su testimonio, el señalado le enviaba hasta 15 correos electrónicos diarios con contenido amenazante, incluyendo advertencias de muerte, agresión física y mensajes dirigidos también a su entorno familiar.

Foto: Captura de pantalla de los más de 15 correos diarios
La sobreviviente explicó que antes de salir del país sí presentó una denuncia e incluso acudió a testificar. Sin embargo, tras su salida del país por motivos de seguridad, el proceso no avanzó y su caso fue desestimado.
Además, denunció la creación de cuentas falsas y la suplantación de identidad como mecanismos para continuar el hostigamiento.
Este caso evidencia no solo la persistencia de la violencia, sino también sus consecuencias: el desplazamiento forzado, el miedo constante y la ruptura de la vida cotidiana.
Denunciar es necesario pero, no siempre es seguro
Para muchas mujeres, acudir a las instituciones no es el primer paso. Antes de eso, hay un recorrido marcado por el miedo, la desconfianza, la falta de garantías y la impunidad que rodea este tipo de casos.
La posibilidad de no ser escuchadas, de enfrentar procesos revictimizantes o de no contar con protección efectiva influye en la decisión de muchas mujeres de guardar silencio.
En este contexto, las redes sociales han funcionado como espacios alternativos de denuncia.
En Guatemala, la violencia contra las mujeres es una problemática estructural. A pesar de la existencia de marcos legales, la respuesta estatal continúa siendo insuficiente.
Las medidas de seguridad suelen ser temporales y, al finalizar, muchas víctimas quedan nuevamente expuestas.
A esto se suma otro elemento clave: el entorno social.
Según denuncias públicas, personas dentro de la escena cultural tendrían conocimiento de estos señalamientos. Aún así, el señalado ha continuado participando en espacios y eventos.
Esto abre una pregunta necesaria: ¿Qué responsabilidad tienen los espacios que, con conocimiento de denuncias, siguen cediendo plataformas a personajes señalados de violencia hacia las mujeres?
En un contexto donde las instituciones no siempre responden, la denuncia pública se convierte en una forma de resistencia.
Las mujeres que han hablado no solo buscan justicia individual, sino también advertir, prevenir y romper el silencio.
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