Foto: Violeta Cetino

Fruto de otras mujeres

Escrito por Viviana Bran

Tratar de plasmar mis opiniones en esta columna sobre el libro que leí en el último mes es difícil; difícil de describir, difícil de recordar lo que las mujeres viven entre la normalidad de asumir la realidad. Para mí, la maternidad trae un hilo con las mujeres de mi familia, y si leíste mi columna anterior sobre la maternidad, sabrás lo que significa para mí. Pero, ¿qué es maternar? ¿De qué punto estoy hablando yo, qué fue para el resto de mujeres? “Fruto”, de la periodista mexicana Daniela Rea Gómez, se volvió esa red de mujeres para conocer otras realidades o la realidad de la que simplemente evitamos hablar.

Por Viviana Bran

El libro se convirtió en una conversación entre mujeres. Una conversación que rara vez se escucha y se habla. A través de distintas historias, Daniela reúne voces que nos hablan de  maternidades atravesadas por el dolor, la violencia, la ausencia y también por la resistencia. Está Rosalba, que intenta romper el ciclo del maltrato con el que creció para que su hija no herede las mismas heridas que ella. Está Channi, quien asumió el cuidado de sus nietos después de la desaparición de su hija. También está la propia autora, que escribe mientras materna a sus dos hijas y, al mismo tiempo, escucha las experiencias de otras mujeres haciendo el libro más humano y sincero. 

Más que un libro sobre maternidad, Fruto es un libro sobre el cuidado, sobre esa red casi invisible que sostiene la vida y que, históricamente, ha recaído sobre las mujeres. Es un libro transgeneracional porque permite observar cómo cada generación intenta remendar los vínculos que heredó. Algunas buscan hacerlo desde la ternura; otras, simplemente sobreviviendo o evitando criar, evitando repetir los patrones que vivió.

No todas somos madres, pero todas hemos sido hijas. “Todas hemos cuidado y hemos sido cuidadas”. Daniela Rea menciona esto como uno de los aspectos fundamentales que me hicieron recordar ese aspecto de la maternidad, como el amor incondicional de las madres. ¿Por qué tiene que ser incondicional? Nos enseñan que nuestras madres tienen que estar para nosotras, pero ellas también necesitan de sus madres. El amor no tiene que ser incondicional; al final del día, ellas solo están haciendo lo que ellas aprendieron sobre maternar y lo que se asumió que era familia, que aprendieron en sus hogares.

Mucho de lo que nos venden es la romantización de la maternidad, pero también significa perderte a ti misma, agotamiento, culpa y sobre todo, miedo de cómo educar, miedo de repetir patrones. Eso fue leer “Fruto”, entender que maternar también es un acto de políticas públicas o redes comunitarias.  Y por último, si puedes leerte el libro, ya seas madre o no, es una conexión con otras mujeres o incluso una conexión con las mujeres de tu familia.

Para mí leer este libro fue conectar, aunque no sea madre, porque no necesito ser madre para empatizar con otras mujeres. 

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Viviana Bran

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