Foto: Derik Mazariegos

Guatemala, Octubre Maya reconstruye la política comunitaria detrás del Paro Nacional de 2023

Escrito por Derik Mazariegos

“Nosotros no somos nuevas autoridades. Somos parte de un proceso histórico de lucha y reconstitución. Muchas veces se nos mira como autoridades chiquitas, como si no fuéramos sujetos de derechos y los únicos sujetos de derechos fueran los grandes.” – Feliciana Herrera, miembro de la Alcaldía Indígena de Nebaj durante el Paro Nacional de 2023

Por Derik Mazariegos

El Paro Nacional de 2023 fue la expresión más visible de una política comunitaria que llevaba años en marcha. Antes de que las carreteras y la sede del Ministerio Público se convirtieran en escenarios de protesta, en los territorios ya se defendían el agua y la tierra, se exigía dignidad y se sostenían autoridades y formas propias de organización. Esa experiencia acumulada permitió que, frente a la corrupción y la impunidad, comunidades distintas reconocieran una causa común y convirtieran sus luchas cotidianas en una movilización nacional.

Esa trayectoria es el punto de partida de Guatemala, Octubre Maya. Estudios etnográficos sobre el Paro Nacional Indefinido de 2023, una publicación coordinada por los investigadores Santiago Bastos y Sergio Palencia, presentada durante la Feria Internacional del Libro en Guatemala, FILGUA 2026.

El libro reúne ocho estudios elaborados desde la antropología, la historia y la sociología. A través de experiencias recogidas en aldeas, municipios, territorios indígenas y barrios populares de la ciudad de Guatemala, la publicación examina cómo una convocatoria para defender los resultados electorales se convirtió en un levantamiento nacional sostenido por múltiples formas de organización comunitaria.

Durante la presentación participaron la antropóloga Claudia Dary y Feliciana Herrera, ex-autoridad indígena del pueblo Ixil. Junto con Bastos y Palencia, discutieron las raíces históricas del levantamiento, la diversidad de actores que participaron y las preguntas que permanecen abiertas después de los 106 días de resistencia.

Las luchas que antecedieron a octubre

Claudia Dary explicó que los trabajos incluidos en el libro parten de investigaciones desarrolladas antes de 2023. Quienes escribieron los capítulos ya conocían las comunidades y habían acompañado procesos relacionados con la instalación inconsulta de hidroeléctricas y minas, la expansión de los monocultivos, la administración comunitaria del agua, el cierre de mercados y el desconocimiento de las autoridades locales.

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Por ello, el libro presenta el Paro Nacional como la expresión de procesos políticos que venían desarrollándose desde mucho antes. La movilización de 2023 se articuló con conflictos territoriales, demandas comunitarias y formas de organización acumuladas durante décadas.

“Para los pueblos indígenas tiene mucho que ver, porque es un proceso que se encadena con el segundo semestre de 2023”, señaló Dary al referirse a las luchas anteriores por los bienes naturales, la consulta comunitaria y el respeto a las autoridades propias.

La investigadora describió la publicación como una “microcirugía del paro”, porque permite observar las motivaciones, los recursos, las fortalezas y los obstáculos de comunidades específicas. Los estudios muestran que la movilización estuvo formada por actores con trayectorias, intereses y posicionamientos distintos.

Esta perspectiva también contradice una de las representaciones difundidas durante las protestas: la idea de una población indígena manipulada por organizaciones externas y movilizada de manera repentina hacia la capital.

“No fue una masa de gente indígena manipulada por las ONG que un día de octubre decidió llegar a la capital”, afirmó Dary. Según explicó, se trató de individuos y colectividades con capacidad de decisión, articulados desde las aldeas y reunidos alrededor de argumentos vinculados con el servicio, la responsabilidad y la moral comunitaria.

Los capítulos tampoco construyen una visión idealizada de las comunidades. La publicación registra antagonismos, desacuerdos y autoridades locales que decidieron no incorporarse a las acciones. Esa heterogeneidad permite comprender que el Paro Nacional fue resultado de múltiples decisiones comunitarias y no de una estructura homogénea que actuó de la misma manera en todo el país.

“No somos nuevas autoridades”

Desde la experiencia del territorio Ixil, Feliciana Herrera insistió en que las autoridades indígenas que encabezaron las movilizaciones no surgieron en 2023. Su presencia pública fue la expresión de procesos históricos mucho más antiguos.

Herrera recordó las luchas del pueblo Ixil desde la invasión, la dictadura de Jorge Ubico y el levantamiento de los siete principales de Nebaj en 1936. Estas experiencias forman parte de una continuidad histórica que ha permitido sostener y reconstituir las autoridades comunitarias pese a los intentos por subordinarlas o desconocerlas.

“Nosotros no somos nuevas autoridades”, afirmó, “muchas veces se nos mira como autoridades chiquitas, como si no fuéramos sujetos de derechos y los únicos sujetos de derechos fueran los grandes”.

El levantamiento de 2023 buscó garantizar la toma de posesión del gobierno electo y expresó una lucha por la dignidad de los pueblos indígenas y el reconocimiento de sus autoridades como sujetos políticos. Herrera explicó que, en la región Ixil, las comunidades debatieron dónde realizar sus acciones para evitar afectarse entre sí. La decisión fue trasladar la protesta hacia los espacios vinculados con los problemas que históricamente habían perjudicado al territorio.

“Las calles y las carreteras son nuestras plazas”, recordó.

Una de las acciones se realizó en el ingreso de una hidroeléctrica, señalada por beneficiarse de los recursos de la región sin generar aportes significativos para las comunidades. De esa manera, la defensa de los resultados electorales se articuló con inconformidades previas relacionadas con el extractivismo y el aprovechamiento externo de los bienes naturales.

“Esto despertó mucho más allá que defender una democracia, que defender las elecciones”, expresó Herrera.

Foto: Derik Mazariegos

La autoridad Ixil también destacó que la resistencia fue encabezada por distintos pueblos y autoridades comunitarias. Aunque la presencia de los 48 Cantones de Totonicapán adquirió una amplia visibilidad nacional, la movilización se extendió a numerosos territorios y reunió las luchas particulares de comunidades Mayas, Xinkas y Garífunas.

La potencia de la política comunitaria

Santiago Bastos recordó que la idea del libro surgió durante el segundo semestre de 2023. En medio de la crisis electoral, él y Sergio Palencia comenzaron a preguntarse qué podían aportar desde sus conocimientos y experiencias de investigación.

La propuesta fue reunir estudios que permitieran ir más allá del recuento inmediato y comprender qué había ocurrido en diferentes lugares para que una convocatoria encabezada por autoridades indígenas se transformara en un levantamiento nacional.

Los ocho capítulos presentan enfoques y situaciones distintas, pero, según Bastos, comparten un elemento central: “la potencia de la política comunitaria”.

Para el investigador, las prácticas comunitarias permiten comprender cómo se sostuvo el Paro Nacional, pero también ofrecen elementos para pensar el futuro de la política guatemalteca. Frente a una democracia institucional debilitada y concentrada en los partidos y las elecciones, lo comunitario aparece como una forma de deliberación, organización y ejercicio de autoridad construida desde los territorios.

El título Octubre Maya sitúa el levantamiento junto a otros momentos que marcaron rupturas políticas. Bastos recordó el Octubre revolucionario de 1944 y sostuvo que, en 2023, los pueblos establecieron nuevamente un límite frente al poder.

“Fue un octubre en que los pueblos dijeron: ‘Hasta aquí hemos llegado’”, afirmó.

La intención del libro, agregó, es conservar esa experiencia en la memoria colectiva. Aunque la coyuntura política posterior pueda provocar desencanto, lo ocurrido demostró que millones de personas fueron capaces de movilizarse, paralizar el país y detener un intento por desconocer los resultados electorales.

¿Es el Estado dueño de la democracia?

Sergio Palencia planteó que el levantamiento también obliga a discutir el significado de la democracia. Durante los bloqueos, las calles dejaron de ser únicamente espacios para la circulación de vehículos y se transformaron en lugares de encuentro, deliberación y asamblea.

“¿Será que el Estado es el dueño de la democracia o la democracia es algo más amplio que el Estado?”, preguntó.

Para Palencia, lo ocurrido entre octubre y diciembre de 2023 mostró que la democracia no se limita a las elecciones celebradas cada cuatro años. También se practica diariamente mediante las formas de autoorganización, las decisiones colectivas y el trabajo de las autoridades comunitarias.

Desde esa lectura, el paro representó una interrupción del tiempo cotidiano, pero también una posibilidad de reflexión.

“El libro, de cierta manera, es un paro, porque llama a detenernos, a reflexionar”, dijo Palencia. Ante la rapidez con la que circula la información y se suceden las coyunturas, la publicación propone regresar a lo ocurrido para examinar sus causas, contradicciones y posibilidades políticas.

El investigador también señaló que el eco de las movilizaciones alcanzó algunos barrios populares de la ciudad de Guatemala. Sin embargo, las formas de organización urbana estuvieron atravesadas por condiciones distintas, entre ellas la violencia, la desconfianza entre vecinos y la fragmentación del tejido social.

La diversidad de estas experiencias impide hablar de una sola forma de participación. También muestra que la organización comunitaria no pertenece exclusivamente a los territorios rurales, sino que puede construirse en mercados, colonias y barrios urbanos.

Una memoria que interroga el presente

Durante el diálogo posterior, varias intervenciones coincidieron en que el levantamiento convirtió a las autoridades indígenas en un actor político imposible de ignorar. La presencia de las varas de autoridad en las calles de la capital produjo un quiebre en un país donde las estructuras comunitarias habían sido desconocidas o reducidas a expresiones locales sin capacidad de intervenir en la política nacional.

También se planteó que la experiencia de 2023 debería abrir la discusión sobre un nuevo pacto social, construido desde el reconocimiento de la pluralidad de Guatemala y la participación política de los pueblos indígenas.

Las intervenciones recordaron, además, que la defensa de la democracia estuvo acompañada de procesos de criminalización. Una de las asistentes pidió que el libro llegara a las autoridades encarceladas y cuestionó el silencio frente a las personas perseguidas por su participación en las movilizaciones.

Herrera advirtió que las estructuras que provocaron el hartazgo social no han desaparecido. Desde los pueblos, explicó, persiste la preocupación por el aumento de la criminalización y por las nuevas estrategias que los sectores vinculados con la corrupción pueden desarrollar para contener la organización comunitaria.

“El grupo que nos llevó al hartazgo para este levantamiento, ¿será que desapareció? Quizá está formulando mejores estrategias para bloquearnos o seguir matándonos a través de la corrupción”, expresó.

Guatemala, Octubre Maya no pretende ofrecer una interpretación definitiva del Paro Nacional. Sus coordinadores reconocieron los límites de los ocho estudios y la ausencia de experiencias que todavía necesitan ser documentadas, entre ellas la participación de los mercados y de otros sectores urbanos.

El libro se propone, más bien, como un punto de partida para reconstruir memorias locales, ampliar la investigación y preguntarse qué país puede surgir de aquella experiencia.

Tres años después, las causas que originaron el levantamiento continúan presentes. Sin embargo, la memoria de 2023 conserva una certeza política: cuando las instituciones fueron incapaces de proteger la voluntad expresada en las urnas, fueron los pueblos organizados quienes sostuvieron la democracia.

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Derik Mazariegos

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