Mujer habla sobre su experiencia en el trabajo doméstico. Foto: Nora Pérez

Josefina Espinoza: “El trabajo doméstico no me permitía tener vida social”

Josefina Espinoza es una mujer de 60 años, originaria del municipio de Santa Rosa. Desde hace 10 años es parte del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia, Sitradomsa. Tuve la oportunidad de conocer su historia de vida en un taller dirigido a periodistas y columnistas de Ruda y Prensa Comunitaria junto a trabajadoras domésticas y de casa particular, como parte de la campaña de sensibilización “No es ayuda, es trabajo”. Aquí presento su historia, que merece ser conocida, tal y como ella me la contó.

Por Iveth Morles

“Yo quería trabajar en una institución del gobierno, como en esas que pronostican el tiempo, siempre me gustó, mi sueño era trabajar en el INSIVUMEH (Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología). Pero no llegó la oportunidad para estudiar, me mandaron hasta segundo grado, porque me dijeron que solo debía ir a aprender a leer y escribir, porque, total, las mujeres rápido crecen, se casan y el marido las mantiene. A mis 59 años terminé la primaria.

En mi casa éramos doce hermanos y entre todos nos cuidábamos, todos teníamos tareas y no había tiempo para estudiar y tampoco había dinero. A los 13 años me vine del pueblo a la ciudad y desde entonces he trabajado en casa particular, en oficios domésticos, limpiar, cocinar, planchar, lavar ropa, cuidar niños, cuidar gatos, perros, cuidando de todo.

En una de las primeras casas donde llegué a trabajar, el sobrino de mi “jefa” quería abusar de mí, me acosó y antes que sucediera el abuso me fui, no denuncié, pero me fui de esa casa. Al dejar esa casa conseguí otro trabajo y me pagaban muy mal, tenía 14 años.

Ya más grandecita me casé. En mi mente, verdad, pensé, antes de que me abusen mejor me caso y como antes le decían a una que había que casarse, me casé, pero me equivoqué porque él era una persona muy agresiva, irresponsable, me tocó que trabajar casi que para mantener al hombre. Tuve a mis cuatro hijos y me quedé con la responsabilidad de ellos solita, pagar dónde vivir, alimentar a mis hijos, porque me dejé del hombre y limpiaba hasta cuatro casas al día, él no me ayudó. 

A mis hijos los dejaba bajo llave, no tenía quién me ayudara a cuidarlos, también aprendieron a cuidarse entre ellos. El más grandecito tenía 8 años y la más pequeña un año cuando comenzó ese trajín. Llegaba a la casa a verlos y darles de comer, no podía agarrar un trabajo formal -se refiere a un salario fijo, en una sola casa, siempre siendo trabajadora doméstica-. La carga era muy pesada, limpiar las casas y atender la mía con mis hijos: crecieron, les di estudio y ahora son independientes.

El trabajo doméstico, no me permitía tener vida social, empezaba a las 5:00 de la mañana para ir terminando a las 11:00 de la noche. La presión ha sido una de las situaciones más difíciles que he pasado; los patronos exigen mucho, no lo dejan terminar una primera cosa y ya están poniendo otra tarea, era un encierro total. 

A mí me gusta mucho relacionarme con las personas, cuando había reuniones en algunas de las casas donde trabajé, sirviendo, a veces conversaba con las personas y una vez me dijo una patrona, “Tú eres la sirvienta de la casa, no tienes por qué relacionarte con mis invitadas”. 

En otra casa, hace diez años, cuidando niños y haciendo los oficios de la casa me enfermé, según dijo el médico que de la presión que vivía, porque reprochaban todo lo que hacía, sin fundamento, fue como un acoso laboral, porque no tenía sentido lo que me decían. 

Se me inflamó la glándula tiroidea, padecí de algunos mareos. No me dieron permiso para ir al médico porque dijeron que no había tiempo, solo me daban el domingo para descansar. Un día de trabajo tomé la decisión y no fui a trabajar, me fui al médico: me despidieron porque tomé ese día para ir al médico, allí durante diez años no tenía vacaciones, no me daban prestaciones. Frente a esta situación una amiga me apoyó para denunciar, ya me había informado un poco sobre estos casos y gané la demanda después de un año de trámites.

Actualmente, cuido a una anciana, siempre en casa. El trabajo doméstico es muy invisible y debe ser reconocido por el Estado, porque es un trabajo que ayuda a la economía del país, porque todos los profesionales, doctoras, maestras, diputados y muchas personas que trabajan fuera de su casa, necesitan de una empleada en su casa. 

Necesitamos de un contrato escrito, porque actualmente siguen diciéndonos, “Necesito a alguien que ayude a los quehaceres de la casa, ayude a limpiar la casa, lavar trastos y mantener limpia la ropa”, ya cuando una está dentro es toda la carga de la casa, que hay que ir al mercado, planchar, cuidar el niño, sacar el perro a pasear, atender al abuelito… No hay tiempo para citas médicas, no es importante la salud de las empleadas domésticas, pero el cuidado de las personas adultas es delicado y estresante. Es importante contar con contratos por escrito y prestaciones de ley incluyendo los servicios de salud que son tan importantes.

Fui aprendiendo a negociar mi salario y condiciones, aunque siempre debo ceder en algunas, actualmente tengo una paga aceptable y prestaciones, aun sin tener contrato escrito. He creado relaciones bonitas con algunos. Mis hijos han crecido y ya no dependen de mí, el compromiso es ahora con mi mamá que entre varios hermanos aportamos para sus cuidados”.

¡Gracias, Josefina, por compartirnos su experiencia!

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