Foto: Amilcar Montejo

La ciudad del “futuro”

Escrito por Debbie Guzmán

La ciudad del “futuro” colapsa cada temporada de lluvia, pero esto no es un fenómeno natural: es el resultado directo de decisiones políticas. Calles mal pavimentadas, drenajes sin mantenimiento, banquetas destruidas o inexistentes y una planificación urbanística prácticamente nula. Aquí no hay sorpresas, hay abandono.

Por Debbie Guzmán

Lo que vivimos no es “tráfico”, es inmovilidad estructural. Son horas de vida perdidas en un sistema que no está diseñado para la gente, sino para sostener un modelo que privilegia el concreto sobre la dignidad. Y es que la Municipalidad de Guatemala no solo se ha caracterizado por su ineptitud e ineficiencia, sino más bien por la falta de administración urbanística y pública por parte del unionismo, un partido que ha gobernado por más de 30 años y que hasta la fecha no solo no mejora estas condiciones, sino que profundiza el problema. 

Y este es uno de los muchos casos que el Ministerio Público no ha investigado con la seriedad que merece: ¿qué pasó con el caso Caja de Pandora? ¿Y la investigación del financiamiento ilícito del Unionismo? ¿Dónde está el avance? ¿Dónde está la justicia? Expedientes que existen, pero que parecen no avanzar. 

Porque la ciudad también enferma. La contaminación del aire, el estrés constante, la ansiedad de no saber cuánto tiempo tomará llegar a casa o al trabajo, la violencia vial que se respira en cada esquina… todo eso impacta directamente en la salud emocional de quienes habitamos en esta metrópoli. No es solo un tema de infraestructura, es un tema de salud pública. 

Vivir en una ciudad que no funciona desgasta, agota y enferma; y en donde el acceso al agua potable en muchas zonas de la capital es irregular, deficiente o simplemente inexistente, pero eso sí: se cobra. Se cobra por un servicio que no llega con calidad ni continuidad, se cobra por sobrevivir en un sistema que convierte derechos en mercancía. La privatización de lo esencial ya no es discurso, es realidad cotidiana, es fruto y consecuencia de la negligencia de las autoridades que solo benefician a un sector y ese sector siempre serán los más altos. 

Hablar de desarrollo en estas condiciones es casi un insulto. No hay desarrollo donde no hay planificación, donde no hay justicia y donde lo público se administra como si fuera finca privada. La ciudad no está estancada por falta de recursos, está detenida por falta de voluntad política y por un modelo que históricamente ha decidido a quién beneficia y a quién dejar atrás. Y aquí es donde toca incomodar: esto no va a cambiar mientras sigamos normalizando el desastre, mientras sigamos riéndonos del caos, adaptándonos a lo inaceptable y creyendo que vivir así es “lo normal”. No lo es. Es estructural, y lo estructural no se arregla con parches, se transforma desde lo político, desde lo colectivo. 

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Debbie Guzmán

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