La maternidad que nunca me preguntaron si quería
Escrito por Viviana Bran
En mis veintes la maternidad siempre ha estado ahí. De niña jugaba a ser mamá, como jugaba a ser maestra, doctora. Durante años pensé que algún día lo sería, no porque lo tuviera claro, sino porque así se nos enseña la vida a las mujeres: creces, estudias, trabajas y en algún momento serás mamá.
Por Viviana Bran
Pero una crece y empieza a preguntarse cosas. Así como muchos sueños de infancia no llegaron, también esa idea automática de la maternidad empezó a verse borrosa. Tal vez nunca la imaginé de verdad, tal vez solo la asumí como un papel que nos dan desde pequeñas, desde el momento en que nos ponen una muñeca en los brazos y nos enseñan a cuidar antes de preguntarnos si queremos hacerlo, todo por un rol de género.
No escribo esto para decir que no quiero hijos ni hijas, ni para convencer a nadie de lo contrario. Escribo porque a las mujeres pocas veces se nos pregunta qué significa la maternidad para nosotras. Se nos da por hecho. Se nos espera. Se nos empuja con paciencia y presión al mismo tiempo, no digo que existan malas madres pero no hay como una maternidad deseada.
¿Qué pasa si nunca soñaste con hijos e hijas, con loncheras escolares y niños y niñas corriendo?
¿Y qué pasa si sí lo soñaste? Ambas cosas son válidas. No se trata de estar de un lado o del otro. Se trata de poder preguntarnos qué queremos de verdad sin sentir culpa o presión social, simplemente escoger qué queremos, al fin del día son cambios que nuestro cuerpo también tiene que procesar.
La edad en la que se espera que seamos madres es la misma en la que estamos construyendo una vida propia, una vida profesional, cuando estamos estudiando, trabajando, organizándonos, equivocándonos. En Guatemala, ser mamá muchas veces significa pausar ese proceso. No por decisión individual, sino por falta de condiciones reales. El código de trabajo establece 84 días de licencia por maternidad, ochenta y cuatro días para dar a luz, sanar, criar y volver a un mundo que no se detuvo: en ese proceso unas vuelven y otras dejan el barco.
Entonces, me pregunto qué pasa si quiero ambas cosas, si quiero crecer, soñar, equivocarme y también maternar algún día. ¿Sería eso ambición? Tal vez el problema no es quererlo todo, sino vivir en un sistema que solo nos deja elegir una cosa a la vez, a veces no somos nosotras las que tenemos que elegir sino el sistema no arrastra como tormenta.
Participaron de esta nota
Viviana Bran
10 artículos