La mujer trabajadora latinoamericana
Escrito por Debbie Guzmán
Por Debbie Guzmán
A lo largo del tiempo, históricamente el Primero de Mayo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores, cuyo origen nace de una lucha concreta: la jornada laboral de 8 horas. No fue un regalo, fue pelea, calle y organización. Una lucha de los sectores obreros que tuvo un tono más político que festivo y que incluso, hoy sigue siendo un termómetro de conflicto social: salarios injustos, informalidad, migración laboral, represión. Y es donde entra también un tema que incomoda, porque no se quiere ver: la historia de las mujeres mal pagadas, invisibilizadas y doblemente explotadas.
La escala global indica que las mujeres siguen ganando menos por el mismo trabajo en relación a los trabajos hechos por hombres. Y no, no es casualidad ni “elección personal”: es estructura. Es un sistema que se sostiene en pagar menos a quien más sostiene. En América Latina, esa desigualdad no solo existe, se normaliza. Millones de mujeres sobreviven en la informalidad, sin contrato, sin seguro, sin derechos, resolviendo la vida en condiciones que el discurso oficial ni siquiera nombra.
Y mientras tanto, el trabajo que mantiene todo en pie —el de cuidados— sigue siendo invisible. Cocinar, limpiar, criar, cuidar enfermos, sostener hogares enteros… eso no cotiza, no se paga y no aparece en los indicadores económicos. Pero sin eso, la economía se cae. Así de claro.
Las mujeres no han estado ausentes en la historia obrera, han estado al frente. Han marchado, se han organizado, han resistido dictaduras, han sostenido huelgas y también han tenido que pelear dentro de sus propios movimientos para que las tomen en serio. Porque incluso en la lucha, el machismo también se infiltra.
Entonces no, el Primero de Mayo no es solo una fecha para discursos bonitos y fotos sindicales. Es un recordatorio de que el sistema sigue funcionando gracias a millones de mujeres que trabajan más y ganan menos y sostienen lo invisible. No basta con celebrar el “Día del Trabajo”: hay que cuestionar cómo se distribuye, quién lo carga, y quién se beneficia.
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