El trabajo doméstico y de cuidados no remuneradoejercido por las infancias Foto: Lucero Sapalú

La pobreza y exclusión promueve esclavitud de las infancias en el trabajo doméstico

Escrito por Lucero Sapalú

El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en casas particulares ejercido por las infancias es una forma de esclavitud. Algunas niñas escapan de realidades de pobreza y abusos, abandonan sus estudios y renuncian a sus sueños para ir a “trabajar” a lugares donde se enfrentan a una serie de violencias que afectan su salud y desarrollo.


Por Lucero Sapalú 


Diana tenía 12 años cuando fue víctima de abuso sexual en su propia casa. Una de sus tías le aconsejó que lo mejor era irse a buscar un trabajo para escapar de ese lugar que dejó de ser su hogar. La solución que le proponía era irse a “servir” a una casa ajena a la capital donde la ayudarían, incluso, a continuar con sus estudios. Diana abandonó su humilde vivienda en la árida zona del oriente para migrar a la capital donde supuestamente tendría un nuevo comienzo. 


La promesa era techo, comida y formación académica. Pero, después de salir de su comunidad, nunca pisó una escuela y le eran asignadas extenuantes jornadas de trabajo que implicaban el cuidado de dos niños. Trabajaba desde las 6:00 hasta a las 21:00 horas, y sus atribuciones iban desde servir el desayuno hasta limpiar los trastes utilizados para la cena. 


El trabajo era realizado de lunes a sábado; el domingo le daban un día de descanso y a veces se quedaba encerrada en su cuarto ya que no conocía el lugar. El caso de Ana, que ahora ya tiene mayoría de edad, es un problema invisible que sigue afectando a la niñez y adolescencia en Guatemala. 

Muchas niñas y adolescentes huyen de sus hogares en busca de mejores condiciones de vida y llegan a casas particulares donde realizan trabajos de cuidados sin remuneración. 

Foto: Lucero Sapalú 


Aura Sontay, vicepresidenta de la junta directiva del Centro de Apoyo para trabajadoras de Casa Particular (Centracap), indica que aunque no hay cifras de cuántos son las y los menores de edad que trabajan en casas particulares sin remuneración, el problema es motivado por varios factores como la pobreza en muchas partes de Guatemala. “Muchas veces las mamás se quedan como madres solteras y se quedan sin dinero, entonces mandan a las niñas a trabajar. En algunos casos solo trabajan por comida y no les pagan”, puntualizó.


Además, Sontay contó, como vivencia propia, que tuvo que migrar desde Momostenango, municipio de Totonicapán, a los 16 años. “Tuve que irme a trabajar en una fábrica de playeras pero mi papá me quitaba mi dinero. También tenía que trabajar en la casa, lavando, limpiando y haciendo comida, sin pago alguno”, puntualizó. 


Durante 35 años, Sontay ha trabajado en casas particulares. Actualmente, continúa ejerciendo esta profesión pero ahora ella obtiene su propio salario por el trabajo realizado.


Trabajo de niñas y adolescentes en tortillerías 


Otra de las prácticas normalizadas en Guatemala, es que las niñas de varias comunidades, sobre todo de occidente, son enviadas a trabajar durante largas jornadas en las tortillerías. “Una de las formas de esclavitud actual son las niñas que trabajan en tortillerías, donde ni siquiera les dan de comer algo saludable, a veces solo sopas instantáneas que nada aportan. Tuvimos un caso de un hombre que tenía varias tortillerías donde explotaba a las niñas. Su forma de trabajar para no ser descubierto es que rotaba a las niñas”, explicó Sontay. En algunos de estos casos las niñas no reciben el dinero de su trabajo ya que los padres pactan con los propietarios de estos negocios. 


Las autoridades guatemaltecas en diversos lugares han realizado operativos en las ventas de tortillas para rescatar a las niñas y mujeres que actualmente trabajan largas jornadas. El caso más reciente fue en marzo de este año, en Quiché, donde fueron rescatadas 15 menores de edad, en edades comprendidas entre los cuatro y dieciséis años, en tortillerías donde trabajaban desde las 4:00 horas. La mayoría eran trasladadas desde las comunidades al casco urbano, y algunas de ellas tenían quemaduras en las manos, según reportaron las autoridades.


Según la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos (ENEI) de 2022, del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el 70.9% de la niñez en Guatemala estudia, como actividad principal. El 7.9% de niñas y niños de 7 a 12 años tienen los quehaceres del hogar como actividad principal y el 3.3% reportó que trabaja; mientras que el 2.6% se dedica a tareas de cuidados. 


El trabajo afecta su desarrollo 


Malfy López, psicóloga y consultora del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradomsa) explicó que la niñez expuesta al trabajo doméstico y de los cuidados no remunerado corre el riesgo de no alimentarse adecuadamente y eso le afecta en su desarrollo. Además, están expuestos al estrés infantil.


“Su sistema nervioso está haciendo muchos cambios que llevan un proceso, pero cuando las niñas y niños inician con los cambios físicos en medio de una responsabilidad corren muchos riesgos. Incluso, los trabajos en casas ajenas están expuestos a abusos sexuales, ya que implica ir a hacer la compras, ir a dejar a más niñas a las escuelas, en algunos casos en zonas rojas (marginalizadas)”, puntualizó López.


La psicóloga indicó que las niñas o niños con trabajos no remunerados, no desarrollan adecuadamente su autoestima, pues están enfocados en cumplir con sus responsabilidades y deben abandonar sus sueños, estudios y su tiempo de recreación se reduce a la pantalla donde también están expuestos a otro tipos de problemas. 


Una situación invisibilizada son las tareas de cuidado que realizan las niñas con adultos mayores o personas con discapacidad. “Solo por ser niñas, les ponen ese rol de cuidar a los demás, esto altera su ciclo de vida porque tienen responsabilidades de adultos siendo aún niñas y las exponen a riesgos como abusos sexuales o uniones tempranas”, explicó López.

El desarrollo físico y emocional de las infancias se ve comprometido cuando asumen responsabilidades de cuidados que no les corresponden, descuidando sus estudios y tiempo para recrearse. 

Foto: Lucero Sapalú

La profesional de la salud mental detalló que en algunos casos las niñas suelen trabajar más en su casa, “ayudando” en los quehaceres, y que esta distribución debe ser más equitativa para que no le afecte en el rendimiento de los estudios. 


La  Organizción Internacional del Trabajo (OIT) define al trabajo doméstico realizado por niñas, niños y adolescentes como una de las peores formas de trabajo infantil, porque se da en espacios privados donde no hay inspección laboral y donde las infancias son expuestas a jornadas abusivas. Además, ocurre todo en aislamiento. 


Las posibles causas 


Un informe reciente de Naciones Unidas señaló que al menos el 80.8% de los niños, niñas y adolescentes vive en precariedad económica y que en Guatemala persiste la pobreza pese al apoyo de la cooperación extranjera.


La pobreza a la que está sumida el país frena el desarrollo de la niñez ya que son más vulnerables a situaciones de desnutrición crónica, deserción escolar y edad temprana para trabajar y migrar. En algunos casos, en Guatemala, la niñez está expuesta a estos dos últimos ya que debe cambiar de lugar donde vive y migrar hacia los cascos urbanos o hacia la capital para tener un trabajo donde le ofrecen únicamente techo y comida. 


“Esclavizada” durante tres generaciones


Recientemente, las autoridades brasileñas rescataron a una mujer de 62 años que pasó más de cinco décadas sometida a condiciones de esclavitud. Trabajó ininterrumpidamente como empleada doméstica para una familia acaudalada desde 1971, cuando tenía apenas siete años. 


Tres generaciones habrían esclavizado a la mujer, sin contar que su madre también trabajó para la misma familia. “Los rescates en el ámbito doméstico son aún más complejos”, indicó el fiscal Luciano Aragão Santos, coordinador nacional para la erradicación del trabajo esclavo en Brasil. En estos espacios, la víctima suele quedar privada de autonomía, con los lazos familiares anulados y sin acceso a la educación formal y a la salud. 


Según la OIT, con la creación de empleos dignos para las personas adultas, contar con espacios de cuidados para las infancias, más educación y políticas activas de erradicación y prevención de la explotación laboral de la niñez, estas prácticas pueden ser erradicadas. 


El organismo internacional asegura que esto debe ser un trabajo integral en el que intervenga el Estado, empleadores, sindicatos de trabajadoras y la sociedad en general “para que la niñez no  juegue a ser adulta y se vea forzada a serlo”. 

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Lucero Sapalú

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