Especiales
Angie Ross
Sentada en un espacio que no siente propio, pero que habita todos los días, una mujer de 38 años —que prefiere no revelar su nombre— sin embargo la llamaremos Esperanza, cuenta su historia. La comparte luego de haber participado este domingo 12 de abril en la Feria Informativa para las Trabajadoras Domésticas, del Hogar y de Casa Particular, realizada en la Plaza de las Niñas.
Angie Ross
Sentada en la Plaza de las Niñas, durante la Feria Informativa para las Trabajadoras Domésticas, del Hogar y de Casa Particular, este 12 de abril, La Morena dibuja con crayones mientras habla. Acepta contar su historia con un pseudónimo. Tiene 38 años y desde hace una década se desempeña como trabajadora doméstica.
En el marco del 1º de Mayo, Día Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores, desde el Consorcio por los Derechos Laborales y del Cuidado Remunerado y no Remunerado de las Mujeres, alzamos nuestra voz para reconocer, visibilizar y dignificar el trabajo de las mujeres en todas sus formas: remunerado y no remunerado.
Angie Ross
Este 1 de Mayo, trabajadoras domésticas y de casa particular recordaron que su labor va más allá de limpiar casas: sostienen hogares y también la economía del país. Como expresó Dalila Hernández, han sido “maestras, enfermeras y mamás”, incluso sin derechos garantizados, por lo que este día exigieron la aprobación del Convenio 189 de la OIT.
Violeta Cetino
Es miércoles 3 de mayo, son las 9 de la mañana y las participantes de la Escuela de Liderazgo, un proceso de formación política para mujeres trabajadoras domésticas y de cuidados, empiezan a llegar al salón en el que hoy será la clausura de este proceso formativo. Se saludan a su encuentro, con la complicidad que une a quienes emprenden una misma lucha: la justicia laboral y el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados, remunerado y no remunerado.
Violeta Cetino
Las sociedades y la economía de los países se sostienen gracias a las labores de cuidados remunerados y no remunerados que realizan, en su mayoría, las mujeres. En América Latina, más de 15 millones de mujeres son trabajadoras domésticas y de casa particular, esto equivale a 1 de cada 9 mujeres. Expertas en el tema en la región coinciden en que los cuidados son un derecho humano que debe ser reconocido por los Estados e incluido en las agendas del movimiento social de mujeres.
Angie Ross
En Guatemala, cientos de labores que sostienen la vida ocurren todos los días y muchas veces permanecen invisibles. Cocinar, limpiar, cuidar a niñas y niños, acompañar a personas adultas mayores o con algún tipo de discapacidad, trabajar la tierra o sostener el hogar también son trabajos que requieren tiempo, esfuerzo y conocimiento. Ante este panorama, las trabajadoras domésticas y de los cuidados organizadas en Ames y Sitradomsa impulsan jornadas informativas sobre derechos laborales, sexuales y reproductivos para despertar la conciencia de otras trabajadoras domésticas.
Soy mamá de tres hijos hermosos. Como muchas mujeres del hogar, realizo todos los oficios de casa, como barrer, trapear, hacer limpieza, lavar ropa y hacer comida. Yo me llamo Luna y les voy a contar sobre mi historia alrededor de los cuidados.
Joel Solano
"El trabajo doméstico no es un favor ni una ayuda, es trabajo". Bajo esta certeza, las organizaciones de mujeres y defensoras de derechos humanos exponen las deudas históricas que la sociedad y el Estado guatemalteco mantienen con miles de trabajadoras dedicadas a los cuidados remunerados y no remunerados. Desde el impacto del racismo estructural y la desprotección laboral hasta las dinámicas de violencia que se sufren en los ámbitos privado y público, la Asociación Mujeres en Solidaridad (AMES) traza una hoja de ruta centrada en la corresponsabilidad familiar, la sensibilización social y la urgencia de garantizar condiciones de vida dignas para las generaciones presentes y futuras.
Lucero Sapalú
El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en casas particulares ejercido por las infancias es una forma de esclavitud. Algunas niñas escapan de realidades de pobreza y abusos, abandonan sus estudios y renuncian a sus sueños para ir a “trabajar” a lugares donde se enfrentan a una serie de violencias que afectan su salud y desarrollo.
Glenda Alvarez
Floridalma Contreras Vásquez comenzó a participar en el movimiento sindical a sus 18 años. Sobrevivió a la persecución durante la guerra en Guatemala y enfrentó la desaparición forzada de su compañero y padre de sus hijos. Actualmente, desde el Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradmosa), continúa formando y acompañando a trabajadoras domésticas y de cuidados en Guatemala.
Jorge Fernández
Samanda Maldonado es una joven activista de la Asociación Mujeres en Solidaridad (AMES). Acompaña a trabajadoras domésticas que enfrentan múltiples violencias en sus lugares de trabajo y en entrevista con Ruda compartió su historia y su perspectiva sobre el trabajo de los cuidados.
Regina Pérez
Proveniente de una familia numerosa de nueve hermanas y hermanos, María del Carmen aprendió a trabajar desde que era una niña. A pesar de su corta edad, 20 años, se ha desempeñado en numerosos trabajos, desde niñera, enfermera, trabajadora doméstica y encargada de limpieza. En una entrevista con Ruda contó su historia de vida, misma que refleja la realidad de miles de trabajadoras domésticas en Guatemala que luchan por el reconocimiento de la labor que realizan en la economía de los cuidados.
En Guatemala, el trabajo de cuidados comienza a entrar en la agenda pública, pues aún no existe una ley ni un sistema nacional de cuidados que reconozca y distribuya esta responsabilidad. Mientras instituciones y organizaciones impulsan los primeros pasos, las mujeres continúan asumiendo buena parte de las tareas de cuidado en sus hogares y comunidades.
Más del 95 % de las trabajadoras domésticas y de casa particular en Guatemala no cuenta con un contrato escrito y solo una mínima parte está afiliada al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Detrás de esas cifras hay miles de historias como la de Mary, una mujer que ha dedicado más de cinco décadas al cuidado de otras personas sin que ese trabajo haya sido plenamente reconocido.
Lucero Sapalú
Doña Cristy es una trabajadora de casa particular que realiza esta actividad económica desde los nueve años. A sus 63, ni siquiera piensa en retirarse pues no cuenta con un fondo para cubrir sus gastos durante la vejez.
“Me sentía como desnuda”, me dijo Caty cuando recordó el día en que dejó de usar su indumentaria maya para ponerse el uniforme de trabajadora de casa particular. Había dejado atrás los campos abiertos de Sacapulas, Quiché, para llegar a un cuarto pequeño en la ciudad de Guatemala. Esta es su historia.
Josefina Espinoza es una mujer de 60 años, originaria del municipio de Santa Rosa. Desde hace 10 años es parte del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia, Sitradomsa. Tuve la oportunidad de conocer su historia de vida en un taller dirigido a periodistas y columnistas de Ruda y Prensa Comunitaria junto a trabajadoras domésticas y de casa particular, como parte de la campaña de sensibilización “No es ayuda, es trabajo”. Aquí presento su historia, que merece ser conocida, tal y como ella me la contó.
Violeta Cetino
En América Latina existen esfuerzos importantes de organizaciones de mujeres, sindicatos de trabajadoras, feministas y de sociedad civil para la creación de plataformas que garanticen la corresponsabilidad social y pública de los cuidados. Lideresas de Bolivia y Guatemala expertas en el tema intercambiaron y analizaron, en un diálogo político y académico, los procesos que dichos esfuerzos han significado en sus países.
María de la Paz Castañón
Durante gran parte de la historia las mujeres no teníamos elección ni autonomía. Para el mundo, el lugar de la mujer estaba en la casa. Su responsabilidad eran los hijos. Su realización debía hallarse en el matrimonio. Los hombres estaban hechos para trabajar y participar de la vida pública; las mujeres, para cuidar. Incluso, cuando comenzamos a conquistar espacios fuera del hogar, nuestros cuerpos continúan sujetos a reglas escritas por hombres.