Pintar para sanar, el proceso creativo de Maricely Quiná entre el óleo y el verso
Escrito por Joel Solano
La artista originaria de San Juan Comalapa transforma versos en pinturas al óleo donde destacan los paisajes, la cultura y la gastronomía guatemalteca. Para Maricely Quiná, las palabras no solo se leen; también se tiñen de óleo, respiran textura y habitan el lienzo. En su universo creativo, la poesía y la pintura no son expresiones separadas, sino un refugio donde el dolor se transforma en color y la vulnerabilidad en fortaleza. A través de una obra que entrelaza la crudeza de la vivencia con la delicadeza del trazo, esta artista demuestra cómo el arte puede convertirse en el testimonio definitivo de la resiliencia humana.
Por Joel Solano
La artista no solo pinta la realidad; traduce el alma de los relatos humanos a un lenguaje de texturas y colores. Su proceso creativo inicia ahí donde la palabra de otros conmueve: toma crónicas de resistencia, memorias ancestrales y vivencias profundas, las entrelaza con la lírica poética y las plasma en cuadros al óleo de gran fuerza expresiva. A través de este diálogo entre la literatura y la plástica, su obra rinde un homenaje vivo a la riqueza cultural, culinaria y paisajista del país, transformando el testimonio ajeno en una obra de arte universal.
Identidad, arte y letras
“Me llamo María Aracely Quiná Chalí”, cuenta que tiene 28 años, pero que en el mundo del arte y del afecto comunitario todos la conocen cariñosamente como Maricely Quiná. Originaria de San Juan Comalapa, Chimaltenango, combina su vocación de docente con su pasión por la poesía, un oficio que define como el arte de plasmar la palabra escrita para luego trasladarla al lienzo.
Con ese primer cuadro cargado de historia custodiando el espacio, Ruda visitó a la artista en la intimidad de su taller. Entre el aroma a óleo, las texturas de los lienzos y los versos que aguardan ser pintados, la creadora abrió las puertas de su universo creativo para compartir cómo ha logrado transformar sus propias batallas y los relatos profundos de su comunidad en un testimonio vivo de resiliencia y color.
Para la artista, el arte es un canal de comunicación que va más allá de las palabras. Su inspiración nace de un profundo respeto por los relatos mudos de los demás, de las realidades que observa y de su propia historia. "Hay personas que me trasladan su historia no de manera verbal, algunas son vivencias que veo y otras son propias", comparte, detallando que el arte es el medio donde decide exteriorizar y manifestar todo aquello que prefiere no decir en voz alta.

Foto: Joel Solano
El lienzo como vía de escape
Detrás de la artista se encuentra su primera obra, un lienzo que nació en un momento crítico de su vida y que simboliza el inicio de su liberación creativa. Maricely relata que hubo una época en la que se sentía profundamente abrumada por situaciones difíciles del pasado, al punto de experimentar un bloqueo emocional que le impedía expresar su dolor de forma verbal. Ante la imposibilidad de hablar sobre su sentir con los demás, encontró en ese primer cuadro la vía de escape perfecta, convirtiendo el lienzo en el único espacio capaz de contener y exteriorizar el peso de sus vivencias.
El proceso de creación de Quiná es un ritual de sanación que inicia con la palabra escrita. Cuando la tristeza la abruma, la artista plasma primero sus sentimientos en un papel, para luego descifrar cómo distribuir y plasmar visualmente esos pensamientos sobre el lienzo. Para ella, la escritura encierra una profunda sabiduría, pues permite vaciar el alma en el papel a través de metáforas que funcionan como acertijos visuales. Esta sutileza provoca una fascinante conexión con el público: muchas personas que observan sus cuadros se sienten identificadas de inmediato y le envían fotografías para descubrir el significado oculto de la obra. constatar que su mundo interno resuena y abraza las vivencias de los demás es un fenómeno tan llamativo como gratificante que la llena de profunda felicidad.
Paisajes y la simbología de la transformación
Aunque su base es el arte abstracto, Maricely logra trasladar su propuesta visual hacia la riqueza de la naturaleza y los entornos comunitarios. En sus lienzos cohabitan paisajes vívidos y escenas urbanas que retratan las calles de diversos pueblos, como el misticismo de Zunil, en Quetzaltenango, o templos icónicos de la arquitectura local, entre ellos la emblemática basílica de San Juan Comalapa.
Además, la fauna local tiene un protagonismo simbólico en su estética; de manera muy personal, cuatro de sus obras incluyen la figura de la mariposa como un reflejo de su propia historia de vida. Entre este universo de formas y colores, la artista también abre espacio a la narrativa romántica, destacando una serie dedicada a la historia de amor de una señorita en su viaje por La Antigua Guatemala.
Para Maricely, la mariposa es el símbolo supremo de su propia metamorfosis, una representación de cómo todo en la vida puede transformarse para bien. En una de sus piezas principales, la artista plasma un rostro que evoca la dualidad humana: esa sonrisa con la que las personas suelen ocultar su verdadero sentir en el día a día, en medio de entornos de gran estrés, a pesar de que todos cargamos con historias profundas por contar.

Foto: Joel Solano
El cuadro se complementa con una flor que simboliza la muerte de los sentimientos negativos para dar paso a la liberación de lo positivo. Esta transición se corona con la fuerza del ave fénix y las llamas, que representan una resurrección espiritual, dando paso a una vida definida por la resiliencia y el libre vuelo de la mariposa.
Aquí una de sus obras poéticas:
Monarca:
Se quebró la rama
sus hojas cayeron al suelo
en aquel tiempo el árbol parecía muerto,
la tierra lloró años en silencio.
Y aunque el llanto del árbol fueron hojas,
en su tronco Dios lo abrazó,
con el camino repleto de espinas y
recuerdos de antaño,
aquella oruga la corteza partió y sin aviso
salió.
Le llamaron muerte a su entierro.
le llamaron fin, a su silencio,
y entre rabia y decepción se unieron pinceladas
y letras,
y al mundo le dijo “Espera”.
Fue gusano en la tierra, comió miedo y
dolor,
el mundo le pesó tanto que creyó que era su
prisión.
Desde entonces aquella mariposa lleva en
sus alas su historia,
cada cicatriz es parte de su victoria.
Porque siempre hay que morir a lo que
duele, para volver a la vida…
El arte de escuchar la salud mental y el ejercicio de la docencia
La empatía de Chalí hacia los procesos de salud mental y el bienestar emocional se refleja en una obra dedicada con profundo respeto a quienes sufren de insomnio, una pieza que pronto estará acompañada de un escrito que compartirá en sus plataformas digitales. Para la artista, el verdadero impacto de su trabajo ocurre cuando el lienzo llega al espectador; comparte con asombro cómo el público le envía fotografías de sus cuadros tras verse reflejado en ellos. En ese ejercicio de observación, las personas logran asimilar el arte con sus propias realidades, encontrando en las formas y colores de la creadora un espejo de sus propias vidas y una vía libre para exteriorizar sus sentimientos.
Para Maricely Quiná, la docencia y el arte están unidos por el hilo de la escucha. Desde las aulas del Colegio Medalla Milagrosa, donde imparte clases desde hace 2 años, la profesora se convierte en una receptora de historias, transformando los testimonios de su entorno en materia prima para sus lienzos. Un ejemplo de este proceso es una de sus obras más íntimas, inspirada en las vivencias de un pequeño estudiante que perdió a su mamá. Con gran respeto, Chalí dio vida a una pieza que rinde homenaje a esa temprana ausencia y planea, más adelante, comunicarse con él para revelarle el escrito y el cuadro que le dedicó. Así, el taller de la artista se consolida como un espacio donde la escucha atenta de las vivencias humanas se traslada, con respeto y delicadeza, al lenguaje universal del arte.

Foto: Joel Solano
Un llamado a la resistencia creativa
Con base en su propia experiencia, la artista hace un llamado a utilizar la imaginación y la creatividad como herramientas de refugio ante las dificultades de la vida. Maricely aconseja que, frente a la adversidad, las personas eviten rodearse de entornos o pensamientos negativos que no aporten a su bienestar; aunque reconoce que el proceso es complejo, insiste en la importancia de saber identificar lo positivo para salir adelante a pesar de todo.
Asimismo, consciente de que vivimos en una época donde abrirse camino con proyectos educativos o culturales es un reto mayúsculo, la creadora exhorta a las y los artistas y emprendedores a persistir sin dejarse vencer por el miedo al qué dirán o por las críticas ajenas, invitándoles a perder el temor y a confiar en su propio talento.
Como una invitación abierta a la sanación emocional, Quiná exhorta a la población a utilizar la poesía y las artes plásticas como vehículos de desahogo. Para la creadora guatemalteca, plasmar los sentimientos sobre el papel, el lienzo o la tela no solo hace posible liberar las cargas internas que a veces se silencian, sino que permite transformar ese mundo interior en una pieza digna de ser admirada, demostrando que el arte es un refugio accesible y transformador para cualquiera.
Consciente de los desafíos emocionales que enfrenta la juventud actual, Chalí hace un llamado a las nuevas generaciones a refugiarse en disciplinas como el arte, el deporte y la música. La docente y artista aconseja evitar el aislamiento, advirtiendo que el encierro prolongado puede causar graves daños a la salud mental. Con un mensaje lleno de esperanza, recuerda a la juventud que los momentos difíciles son temporales y les invita a mantener una actitud y una mente positivas, con la certeza de que siempre vendrán tiempos mejores si se busca una vía constructiva para salir adelante.
El taller de Maricely Quiná es, en última instancia, un testimonio vivo de que el dolor no tiene la última palabra cuando se cuenta con un pincel y un papel. Desde su labor en las aulas del Colegio Medalla Milagrosa hasta sus trazos cargados de paisajes, aves y relatos románticos, la artista y docente guatemalteca demuestra que la verdadera metamorfosis ocurre cuando decidimos perder el miedo a exteriorizar lo que habita en el silencio. Su obra, un mapa de resiliencia colectiva que abraza desde el insomnio hasta los duelos más profundos de su comunidad, se despide con un eco de esperanza: una invitación abierta a la juventud para que rompa el encierro a través del arte, la música o el deporte, recordando que toda tormenta es temporal y que, al igual que las mariposas que custodian sus lienzos, siempre es posible emprender un nuevo y libre vuelo.
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