Recordar también es acompañarse: vigilia en memoria de las niñas del Hogar “Seguro”
Escrito por Angie Ross
En la Plaza de las Niñas, colectivas y organizaciones de mujeres se reunieron para mantener viva la memoria de las niñas que fueron asesinadas en el Hogar “Seguro”, en 2017, en un encuentro que también abrió espacio para reflexionar sobre las múltiples violencias que atraviesan a las mujeres, desde los feminicidios en Guatemala hasta conflictos y crisis que afectan a comunidades en distintos territorios.
Por Angie Ross
Este sábado 7 de marzo, al caer la tarde, en la Plaza de las Niñas comenzaron a reunirse distintas colectivas y organizaciones, entre ellas la Escuelita de las Niñas. Poco a poco, mujeres, juventudes, niñas y niños llegaron al lugar para preparar el espacio donde se desarrollaría la jornada de memoria para recordar a las niñas del Hogar “Seguro”. Algunas personas pintaban, otras ayudaban a colocar materiales o a organizar los espacios para las actividades.
El encuentro conmemoró los nueve años del crimen ocurrido en el Hogar “Seguro” y, para quienes participaron, mantener viva la memoria sigue siendo un acto de resistencia. En la plaza, la tarde avanzó entre preparativos, conversaciones y el acompañamiento colectivo que caracteriza estos espacios.
La vigilia inició con las palabras de Rosa Gallardo, integrante de la Escuelita de las Niñas, quien recordó que la plaza guarda múltiples memorias. “Este espacio tiene memoria”, expresó al inicio de la actividad, al señalar que no solo se recuerda a las niñas, sino también las luchas de mujeres, disidencias, artistas y diversas colectivas que han encontrado en el lugar un punto de encuentro para la resistencia y la memoria.
Gallardo también destacó que el espacio ha sido construido por madres, familias, activistas y distintas expresiones del movimiento de mujeres que, año con año, se reúnen para mantener viva la memoria y continuar la exigencia de justicia.
La Plaza de las Niñas fue el punto de encuentro donde colectivas, familias y participantes se reunieron para iniciar la jornada de memoria y vigilia por las niñas del Hogar Seguro. Foto: Angie Ross
Para Tania Patricia Garzaro Andrino, integrante de la colectiva Plaza de las Niñas 8 de Marzo, este crimen marcó un antes y un después en su vida. Recordó que al enterarse de lo ocurrido el 8 de marzo de 2017 sintió que la noticia le “quebró el alma”, y desde entonces decidió acompañar los esfuerzos por mantener viva la memoria de las niñas.
“Para mí fue un antes y un después. Amanecer ese día con esa noticia me quebró el alma. Desde entonces he tratado de unirme a todos estos esfuerzos por la búsqueda de justicia y la memoria de las niñas, porque un evento así no podemos ignorarlo si queremos llamarnos humanos”, expresó.
Garzaro señaló que, aunque han pasado los años, la causa continúa porque las familias y las colectivas consideran que la búsqueda de justicia sigue pendiente. “Aunque ya no están sus cuerpos, merecen su nombre y su existencia. Ellas viven en nuestro corazón y en ese deseo de respetar los derechos que debían tener desde el Estado y desde la sociedad”, afirmó.
Sobre la sentencia emitida en el caso, la integrante de la colectiva indicó que, aunque representa un avance, todavía existe frustración por la falta de reparación y por los pendientes en el proceso judicial. “Fue útil que el sistema judicial haya reconocido que el Estado vulneró los derechos de las niñas, pero la sentencia aún no está ratificada y por eso no comienza el camino de reparación”, señaló.
También expresó que persiste una sensación de decepción frente al sistema de justicia. “Hay mucha decepción. Nuestro sistema de justicia todavía está muy inundado de corrupción”.

La psicóloga Tania Patricia Garzaro, integrante de la colectiva Plaza de las Niñas 8 de Marzo, habló sobre la importancia de mantener las denuncias y las exigencias de justicia por el caso del Hogar Seguro, señalando que el Estado falló en la protección de los derechos de las niñas. Foto: Angie Ross
El arte como denuncia y memoria
Uno de los primeros momentos de la vigilia fue el performance La maleta, presentado por la artista visual Alicia Arévalo. La pieza artística reflexiona sobre el círculo de la violencia intrafamiliar y cómo estos ciclos se repiten dentro de los hogares.
La propuesta fue realizada junto a sus hijas y buscó visibilizar cómo estas violencias se generan, se heredan y se normalizan en distintos espacios de la vida cotidiana. A través del acto simbólico, Arévalo invitó a reflexionar sobre las historias que muchas veces permanecen en silencio.
Durante su intervención, la artista también recordó que la vigilia responde a una exigencia que continúa vigente. “Esta vigilia existe porque no se ha hecho justicia. De las 41 niñas que ya no están, nunca se resolvió para cada una y casi ninguno de los culpables ha enfrentado completamente sus condenas”, expresó.
Arévalo también señaló que la lucha por la justicia continúa mientras la violencia contra las mujeres sigue presente en la sociedad. “Es una lucha importante, porque cada día más mujeres siguen siendo víctimas de la violencia”, añadió.
La artista visual Alicia Arévalo presentó el performance La maleta, una propuesta realizada junto a su hija que reflexiona sobre el círculo de la violencia intrafamiliar y cómo muchas de estas historias permanecen en silencio. Fotos de Alicia
Otro de los momentos de la vigilia fue el performance de poesía presentado por Kelly Ruiz, profesora de enseñanza media en lengua y literatura, museógrafa e integrante de la colectiva Plaza de las Niñas 8 de Marzo. Su intervención estuvo dividida en dos actos que combinaron narración poética y memoria.
Durante la presentación, Ruiz explicó que la primera parte del performance nace de una historia familiar relacionada con la violencia intrafamiliar. El relato se inspira en la experiencia de su abuela, quien presenció cómo su padre golpeó brutalmente a su madre después del nacimiento de una de sus hermanas.
“Es un relato que nunca estuvo en las noticias. Por eso digo que en las noticias no se escucha, porque eso no llegó al ojo público ni al periodismo, pero sí lo viven las familias”, explicó Ruiz al describir el origen del primer acto.
En esta parte del performance, la artista repite la frase “hagan silencio” como una metáfora del silencio impuesto a muchas mujeres a lo largo de sus vidas. “Es el silencio que guardamos las mujeres en nuestros procesos de vida, desde que estamos chiquitas: no grites, no hables, calladita”, señaló.
El segundo acto del performance aborda la tragedia ocurrida el 8 de marzo de 2017 en el Hogar “Seguro” Virgen de la Asunción. En esta parte, Ruiz menciona uno a uno los nombres de las niñas que perdieron la vida y narra los hechos como si se tratara de una nota periodística.
“Al final queda como en estadísticas y en coberturas, pero las familias, las sobrevivientes y las hermanas de las niñas siguen viviendo las consecuencias”, expresó.
A través de esta propuesta artística, Ruiz buscó evidenciar cómo las violencias pueden manifestarse tanto en el ámbito familiar como en el colectivo, y cómo muchas de estas historias quedan reducidas a titulares sin que exista un acompañamiento real para las víctimas.
Kelly Ruiz presentó una poesía-performance que reflexiona sobre las violencias que se viven en el ámbito familiar y colectivo, así como la importancia de mantener viva la memoria de las niñas del Hogar Seguro. Foto: Angie Ross
Nombrar lo que se calla
Otro de los actos artísticos presentados durante la vigilia fue el performance “Lo que no se cuenta en casa, se cuenta en el lavadero”, una propuesta que reflexionó sobre las violencias que muchas veces permanecen en silencio dentro de los hogares. A través de prendas colocadas en un lavadero simbólico, las participantes expusieron palabras y frases que reflejan comentarios, insultos y formas de violencia que con frecuencia se normalizan en la vida cotidiana.
El performance fue presentado por Keryn María, Katy García y Toda Gallardo, quienes invitaron a reflexionar sobre la importancia de nombrar estas experiencias y romper el silencio que muchas mujeres enfrentan en sus hogares.
El performance “Lo que no se cuenta en casa, se cuenta en el lavadero” reflexionó sobre las violencias que muchas mujeres viven dentro de los hogares y que con frecuencia permanecen en silencio. Foto: Angie Ross
“Las lavandas blancas son para compartir”.
Con estas palabras se invitó a las personas reunidas en la Plaza de las Niñas a tomar una flor blanca y compartirla entre quienes participaban en la vigilia. El gesto simbólico marcó el inicio de la ceremonia en memoria de las niñas del Hogar “Seguro”.
Entre consignas, velas y flores, mujeres, hombres, juventudes y colectivas se reunieron para honrar y reivindicar la memoria de las niñas a nueve años del crimen. Para quienes participaron, el acto también representó una forma de acompañarse y sostenerse en medio de distintas luchas que atraviesan a las mujeres y a las comunidades.
Durante la actividad, se recordó que la memoria no solo se mantiene por las niñas del Hogar “Seguro”, sino también por las violencias que continúan afectando a mujeres y niñas en distintos contextos. Las flores blancas, compartidas entre las personas presentes, simbolizaron la vida, la memoria y la fuerza colectiva para continuar exigiendo justicia.
En ese espacio también participó Lesli Noemí Canela, quien pertenece a la organización Peronia Adolescente, de Ciudad Peronia, e integrante de Comparsa Film, quien destacó la importancia de que las juventudes continúen participando en estos espacios de memoria.
“Aunque ya existe una sentencia, la memoria sigue viva”, expresó. Además, señaló la necesidad de seguir creando espacios seguros para niñas, niños y adolescentes donde puedan expresarse, participar y mantener viva la memoria colectiva.
Entre consignas, abrazos y lágrimas, participantes de la vigilia mantienen viva la memoria de las niñas del Hogar “Seguro” y reafirman la lucha por la vida, los territorios y los derechos de las mujeres. Foto: Angie Ross
Para quienes se reunieron en la Plaza de las Niñas, mantener viva la memoria significa no olvidar lo que ocurre a su alrededor y seguir alzando la voz por las niñas, por las mujeres, por los territorios, por las disidencias y por los pueblos.
También es una forma de acompañar a las mujeres que enfrentan crisis, guerras y violencias en distintos países, y de recordar que mientras existan estas injusticias, la resistencia y la memoria seguirán siendo parte de la lucha colectiva.
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Angie Ross
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