Créditos: Joel Solano

Silvia Etec, la Alfarera Colibrí que hace cantar a la tierra

Silvia Etec, música y compositora maya Kaqchikel, comenzó a crear música con alfarería desde 2016, cuando tomó un taller. Desde entonces ha combinado el barro con la música, creando objetos que producen sonidos que recrean los cantos de aves. 

Ha participado en diversas exposiciones a nivel nacional, como la exposición colectiva “Nuestra Permanencia”, con sede en La Nueva Fábrica, entre muchas más. A Etec la caracteriza la investigación que hace de su arte, el cual se remonta a cientos de años atrás con la creación de instrumentos musicales utilizando diversos materiales naturales. 

Por Joel Solano

Silvia Carolina Etec Muxtay es música (1996), compositora maya kaqchikel y artista-investigadora originaria de Chimaltenango. Se dedica a la construcción de instrumentos musicales mayas en barro, su trabajo se sitúa en la intersección entre la memoria ancestral, la experiencia sonora y la creación contemporánea, explorando los vínculos entre la alfarería y la música como lenguajes complementarios.

Al visitar el taller de la alfarera ubicado en Chimaltenango, es una sorpresa descubrir que el barro en manos de Silvia Etec no solo tiene forma, sino también voz. Entre sus piezas destacan instrumentos ceremoniales y sonoros que desafían la lógica del material; al soplarlos, el aire recorre cámaras de arcilla perfectamente calibradas para emitir notas que parecen ecos de otro tiempo. 

El barro en manos de Silvia Etec cobra voz. Foto Joel Solano

Silvia nos explicó que la creación de estos instrumentos requiere un conocimiento exacto de la física del sonido y una conexión espiritual profunda, transformando cada pieza en un objeto vivo capaz de hacer vibrar el aire con la memoria de la tierra.

Eso es algo que a ella la caracteriza, toda la investigación que ha realizado sobre su arte ha generado un gran conocimiento que se refleja cuando explica lo que hace. 

Sus inicios en la música y la alfarería

Silvia se inició en la música a los 15 años, cuando su papá le regaló su primera guitarra hecha a mano por un amigo. Con ello nació su emoción e interés por la música el cual la llevó a tener una larga trayectoria participando en diferentes agrupaciones. 

Sin embargo, su pasión no solo se limitó a la música. En 2016 tuvo un acercamiento a la alfarería tras un taller con el maestro Walter Paz Joj, experiencia que despertó en ella una búsqueda para comprender los sonidos del barro y la resonancia de los aerófonos. 

Silvia Etec trabaja en su taller en Chimaltenango. Foto Joel Solano

Desde entonces, ha desarrollado un proceso de investigación y creación que combina la práctica de las tecnologías ancestrales y las tecnologías contemporáneas. 

En 2023, culminó sus estudios como profesora de educación Musical en la Universidad Da Vinci de Guatemala, integrando la pedagogía a su práctica creativa en los talleres de construcción de los instrumentos que desarrolla. 

En 2024 presentó su primera exposición colectiva ¨Cuando el Sonido brota¨ dentro del 1er. Simposio Mesoamericano de Arte Contemporáneo ¨El Rumbo del Agua¨, realizado en Quezaltenango. 

La artista participó con una obra de carácter procesual, que comprende el proceso de creación, búsqueda o manipulación de materiales. 

La artista ha participado en diferentes exposiciones. Foto Joel Solano

Ese mismo año expuso ¨Mujer Ave¨, una vasija silbadora inspirada en los huipiles kaqchikeles de Patzún, territorio con el que mantiene un vínculo por la raíz materna de su familia, dentro de la muestra “Antes de que nos nombraran, ya teníamos nombre”. 

Esta muestra fue realizada en el Palacio Nacional de la Cultura en 2024, que buscaba valorar obras de arte que no han sido reconocidas en su justa dimensión como muestras cotidianas de la cultura de los pueblos indígenas, según la curadora Maya Juracán. 

En septiembre de 2025 exhibió 3D IQ´ en Red Materna, Antigua Guatemala una obra colaborativa con Roberto Cuxil que presenta el proceso de fotogrametría aplicado a la investigación tridimensional de los instrumentos musicales. 

Recientemente participó en la exposición colectiva Jardín Salvaje, organizada por Casa Inhabitada en Patzicía, Chimaltenango, donde compartió dos máscaras sonoras resultado de su investigación más reciente sobre las aves de Chimaltenango.

Su proyecto, Alfarera Colibrí

Actualmente impulsa el proyecto Alfarera Colibrí, plataforma desde la cual investiga, construye y comparte el universo de las tecnologías ancestrales mayas y los procesos de investigación y ciencia aplicada a su construcción. El proyecto se expande a través de talleres, exhibiciones y documentación 3D de la anatomía interna de varias piezas, proponiendo metodologías pedagógicas para comprender la relación entre barro, sonido y espiritualidad. 

Algo que caracteriza a Silvia Etec es la investigación que ha hecho de su arte. Foto Joel Solano

La obra es un 80% autónoma, basada en una reinterpretación contemporánea de conocimientos milenarios. La artista fusiona raíces familiares, rasgos y técnicas de su abuela y madre, en su madre por su corte de vestir, su abuela o abuelo por sus narices, con experiencias sensoriales del entorno, como el sonido de los monos aulladores, para crear con un fundamento histórico profundo de más de mil años, señala Etec Muxtay.

Algo característico de Etec es la investigación que realiza para sus trabajos. Esto ha derivado en conocimiento que respalda su arte y varios conceptos que utiliza para desarrollarlo. 

Nuestros antepasados crearon diversos instrumentos utilizando materiales naturales como huesos, cañas, barro, madera y caparazones, señala. Los hallazgos más antiguos incluyen flautas de hueso de aves y marfil de mamut que datan de hace más de 40,000 años. Estos instrumentos cumplían funciones vitales en rituales, la caza, la comunicación y la expresión artística, estableciendo las bases de la música que conocemos actualmente, afirma. 

Según Etec, antepasados crearon instrumentos utilizando materiales naturales. Uno de los artefactos sonoros creados por ella. Foto Joel Solano

De yacimientos arqueológicos se han encontrado flautas, silbatos, bramaderas y tubos de caña de bambú hechos en huesos cortos que producían sonido al soplar por ellos. 

Estos son algunos conceptos que ha trabajado: 

El Sonido Ancestral

La obra de Etec es una reivindicación del patrimonio sonoro que busca transformar las narrativas actuales. Su práctica demuestra que la sencillez aparente de la música tradicional oculta un profundo fundamento científico y tecnológico: la química de transformar el barro en un objeto acústico funcional.

El Arte Sonoro del Barro: Ciencia y Técnica

Etec Muxtay redefine la música ancestral no como algo simple, sino como una obra maestra con rigor científico y tecnológico. Su enfoque busca romper con la devaluación externa, demostrando que convertir el barro en sonido es un proceso técnico profundo que inicia desde el conocimiento de la materia prima.

Pilares de su proceso 

Dualidad en la ejecución: Para la artista, el resultado final es un equilibrio exacto: 50% la construcción técnica del instrumento y 50% la maestría en su ejecución.

Investigación: No se trata solo de tocar; es un estudio analítico de la naturaleza. Para replicar el sonido de un jaguar o un ave, se requiere un análisis acústico de frecuencias, volúmenes y matices antes de la interpretación.

Evolución del conocimiento: El proceso nace desde el dominio absoluto de la materia prima (el barro) para trascender hacia una práctica sonora compleja y con propósito.

La práctica actual se centra en la maestría de la materia prima. El proceso comienza con una preparación meticulosa: el barro se amasa y se deja fermentar durante una semana, logrando así una mayor plasticidad para el modelado.

Esta labor se integra en una comunidad de especialistas dedicados a la alfarería sonora, donde el objetivo no es solo crear objetos, sino investigar y fabricar instrumentos de barro con un propósito acústico definido.  

El proceso creativo de Silvia

En la entrevista, Silvia habla de donde viene su inspiración. Me inspira mi familia, mis ancestras lo que me rodea, me gusta salir a espacios naturales, el año pasado realicé una investigación del sonido del zanates, solo del zanate encontré que habían muchas formas de interpretar sus voces, se me queda su sonido y cada vez que lo escucho ya sé que es un zanate, es lo mismo con otras aves, trato de salir para estudiar mi contexto y estudiar a los animales que cohabitan conmigo, toda esa naturaleza que me rodea hace que me mantenga activa sonoramente, indica Silvia. 

Silvia señala que su familia es una de las fuentes de su inspiración. Foto Joel Solano

El uso del barro depende del producto final; por ejemplo, el barro rojo y duro de San Raymundo es ideal para la resistencia de los comales, pero no necesariamente para instrumentos detallados. El barro de San Marcos es de buena calidad, pero la distancia dificulta su obtención. Silvia elige actualmente el barro de Rabinal por su plasticidad y versatilidad, lo que le permite alcanzar un alto nivel de detalle en sus piezas.

Me gusta coleccionar tierra, a mi mamá le gustaba jugar con barro desde chiquita, ella usaba el barro blanco, de Chuinimachicaj, una de las comunidades de Patzún Chimaltenango, tengo guardado de ese ya que es un barro claro, que puedo usar en otras obras, indica. 

Si bien las redes sociales ayudan a la difusión, señala Silvia, los centros educativos son los espacios clave para el aprendizaje directo y la validación del oficio. Existe un interés natural en niños y jóvenes por entender la física del sonido, como la interacción entre el agua y el barro para generar música. El proceso no se limita a mostrar el instrumento, sino a explicar la técnica y la ciencia detrás de su creación. La apertura de diálogos en diversos ámbitos culturales y educativos es la única vía para confirmar y alimentar el interés colectivo por este arte.

La alfarería sonora 

Existe un movimiento activo de creadores en diversas localidades (Sololá, San Juan Comalapa, San Juan Sacatepéquez) dedicados a investigar y construir instrumentos de barro. La alfarería sonora se define como una disciplina cuya profundidad no puede explicarse solo con palabras; requiere de la vivencia y la experimentación directa para ser comprendida. 

Silvia se sitúa como una de las voces que se ha incorporado para fortalecer y dar continuidad a esta práctica. 

Como alfarera Silvia exhorta a la identidad, propone que la curiosidad y la investigación personal son la clave para reconectar con el pasado. Resalta que el contexto histórico local alberga una diversidad artística inmensa y milenaria que a menudo permanece ignorada. 

Uno de los instrumentos de barro creados por Silvia. Foto Joel Solano

Silvia sugiere que, al profundizar en las raíces, el público puede descubrir la complejidad y el valor de las disciplinas que se han desarrollado en su entorno durante siglos.

Etec sostiene que el estudio profundo de las ciencias y artes históricas es fundamental para comprender nuestra realidad actual. a cuestionar los límites de la educación convencional y a mantener una postura crítica frente a lo que ya sabemos, la curiosidad y la búsqueda constante como motores para descubrir la profundidad del conocimiento que aún permanece oculto.

No es solo música; es una investigación profunda que utiliza el barro como tecnología para traducir el sonido de la vida en una narrativa contemporánea.

Etec considera su trabajo como un acto de resistencia cultural. Foto Joel Solano

La práctica de la alfarería sonora contemporánea no es solo un oficio artesanal, sino una obra maestra de investigación que busca transformar las narrativas actuales. A través de la unión de la técnica milenaria y el análisis científico, se reivindica un patrimonio que a menudo ha sido devaluado por su aparente sencillez. 

La labor de Etec es un acto de resistencia cultural. Cada pieza que sale de su taller es un testimonio de las ciencias ancestrales que hoy, más que nunca, ofrecen respuestas a la desconexión moderna. Mientras sus dedos sigan trazando historias en el barro, el conocimiento de sus abuelos permanecerá intacto, recordándonos que somos, al igual que sus creaciones, hijos de la tierra y herederos de un fuego que se niega a apagarse.