Trabajadoras domésticas y expertas intercambian experiencias sobre el cuidado como derecho humano
Escrito por Violeta Cetino
Las sociedades y la economía de los países se sostienen gracias a las labores de cuidados remunerados y no remunerados que realizan, en su mayoría, las mujeres. En América Latina, más de 15 millones de mujeres son trabajadoras domésticas y de casa particular, esto equivale a 1 de cada 9 mujeres. Expertas en el tema en la región coinciden en que los cuidados son un derecho humano que debe ser reconocido por los Estados e incluido en las agendas del movimiento social de mujeres.
Por Violeta Cetino
Evelyn de Jesús Maldonado se levantó la madrugada de este 24 de junio a las 3:50 horas para participar en el Intercambio de buenas prácticas en derechos laborales y los cuidados, en el que expusieron especialistas de la región y representantes de entidades gubernamentales de la materia. Dos horas después, salió de su casa, en El Carrizo, zona 0 de Chinautla, hacia la ciudad de Guatemala, no sin antes dejar la ropa lavada y organizados los productos que debe vender al regresar de la actividad.
El intercambio fue organizado desde el Consocio por los Derechos Laborales y el trabajo de Cuidados Remunerado y no Remunerado de las mujeres, conformado por el Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradomsa), Asociación de Mujeres en Solidaridad (Ames), el medio digital feminista Ruda y Bizkaia, con el apoyo de Oxfam, donde también participaron mujeres de diversas organizaciones sociales, trabajadoras domésticas y de casa particular, y mujeres que se dedican a las labores de los cuidados en sus hogares de manera no remunerada.
Evelyn tiene 27 años y es madre de un bebé de 10 meses, quien la ha acompañado en su proceso formativo en derechos laborales y de los cuidados durante este año, que también ha sido impulsado desde el Consorcio. Es asociada de Ames y para llegar a la capital debió trasladarse en tres tipos de transporte: tuc tuc, camioneta y taxi. Comentó que en estos espacios ha aprendido el valor que tienen las actividades de cuidados que realiza en su hogar. “A veces uno piensa que no hace nada cuando realmente lo hace todo, y como las labores que uno hace no tienen un pago, uno piensa que no es válido. También he aprendido a valorar el trabajo que hacen las mujeres que trabajan en casas particulares y que todavía llegan a ordenar su casa; todas las mujeres que trabajan en otros lugares llegan a trabajar a su casa o la dejan limpia antes de salir”, dijo.

Evelyn Maldonado acude a las actividades de formación con la compañía de su hijo, un bebé de 10 meses de edad y que requiere de sus cuidados. Foto: Violeta Cetino
¿Qué entendemos por cuidados?
Los cuidados son actividades para el sustento de la vida, para que las sociedades puedan sobrevivir y que son indispensables para que se sostenga la economía, para que las personas que tienen un empleo puedan salir a trabajar. Por lo tanto, el cuidado es una dimensión crucial de la supervivencia de la sociedad y de la economía. El mercado laboral no funciona sin los cuidados.
Con esta introducción dio inicio su disertación la chilena María Elena Valenzuela. Ella es experta en el tema de los cuidados, ha trabajado por más de 20 años en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y cuenta con una especialización en género para América Latina; ha sido jefa del Programa Global sobre migración y trabajos del cuidado y actualmente es consultora de la OIT.

María Elena Valenzuela es experta en el tema de los cuidados y ha apoyado a distintos países del sur a crear sus propias políticas de cuidados. Foto: Violeta Cetino
“Cuidado es estar a cargo de niñas y niños, de una persona mayor que no se las puede por sí misma, pero también cuidado es cocinar, planchar y limpiar, y una familia no sobrevive si no hay condiciones de higiene”.
Valenzuela explicó que el trabajo doméstico es escasamente reconocido por quienes se benefician de él y que su importancia y necesidad se perciben únicamente cuando no es realizado o está realizado de manera deficiente. La labor constituye una multiplicidad de tareas simultáneas muy diferentes entre sí, frecuentemente es pesada y rutinaria y los productos y servicios resultantes de esta no duran, pues son consumidos por las y los integrantes del hogar o de quienes se benefician de él.
“Todos en la vida vamos a necesitar de cuidado en algún momento, y nosotras principalmente necesitamos autocuidado”, comentó. Pero los cuidados son también un bien público, y a la vez un factor de reproducción de la desigualdad, pues estos son mayoritariamente ejercidos por las mujeres a partir de la división sexual del trabajo.
Sobre el trabajo doméstico remunerado, Valenzuela explicó que mientras este ocupa un lugar central en la economía del trabajo y hace posible la participación de otras personas en el empleo, la educación y la vida pública, por otro lado el trabajo de cuidados se ejerce en condiciones precarias, en entornos laborales en los que las trabajadoras son discriminadas y donde su trabajo no es valorado.
El trabajo doméstico requiere de conocimientos y expertise, es un proceso de realización de tareas complejas que no se reconoce como tal. “Se cree que el trabajo doméstico lo puede hacer cualquier mujer, como si estuviera en sus genes. Lo realizan mujeres de bajos ingresos e indígenas, quienes sufren discriminación por su identidad de clase, género, origen étnico, etcétera”, puntualizó Valenzuela.
¿Quiénes realizan el trabajo de los cuidados?
Paz Arancibia es originaria de España, pero reside en Perú. Es especialista regional de la OIT para América Latina y el Caribe en género y no discriminación y en este intercambio destacó que las trabajadoras del hogar, domésticas y de casa particular son trabajadoras de los cuidados.
De acuerdo con Arancibia, en América Latina hay 15 millones de trabajadoras domésticas y de casa particular, el equivalente a 1 de cada 9 mujeres, y al 27% de la economía global. Hizo énfasis en que cada vez hay más personas mayores y que por lo tanto, cada vez habrá más necesidades de cuidados, “tareas que no harán los robots, porque para eso se necesita sensibilidad y contacto humano”, aseguró.

Paz Arancibia durante su intervención. Foto: Violeta Cetino
La experta indicó que alrededor de 700 millones de mujeres en el mundo (8.43% de la población mundial y 17% de la población femenina mundial) no pueden salir a trabajar porque cuidan de alguien. “Las mujeres cuidamos tres veces más que los hombres y eso nos impide acceder al trabajo formal en igualdad de condiciones”.
Por su parte, la dominicana Maribel Batista, especialista de actividades con trabajadoras y trabajadores de la OIT en Centroamérica, Panamá, República Dominicana, México y Cuba indicó que las trabajadoras domésticas y de los cuidados tienen derecho a ser cuidadas y a tener un trabajo decente.

Maribel Batista expuso sobre las implicaciones del trabajo decente para las trabajadoras domésticas y de los cuidados. Foto: Violeta Cetino
Para Batista, el trabajo decente implica el reconocimiento de que las trabajadoras tienen derechos laborales; proporciona un ingreso digno, brinda seguridad en el lugar de trabajo y protección social para ella y su familia; permite la organización y participación en las decisiones que le afectan en su lugar de trabajo y garantiza igualdad de oportunidades y de trato, tanto para hombres como para mujeres.
El cuidado como un derecho
En el conversatorio también participó Carmen Urquilla, coordinadora del Programa Justicia Laboral y Económica de la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz. Su participación estuvo enfocada en explicar cómo ha sido la experiencia de la legislación en derechos laborales para las mujeres en El Salvador.
Urquilla contó que la licencia de maternidad es de 16 semanas, en comparación con la licencia de paternidad, que es solamente de tres días. Tres días, quizá, sean utilizados por el padre para llevar a su esposa y al bebé a su casa, e inscribirlo en el registro de ciudadanos, explicó. “Esto genera desigualdad. Es importante que los hombres sean corresponsables en la crianza”.

Pie de foto: La salvadoreña Carmen Urquilla compartió datos sobre los cuidados y el tiempo que las mujeres dedican a estos en El Salvador. Foto: Violeta Cetino
Las mujeres que tienen un trabajo remunerado tienen un empleo de 8 horas, pero van a sus casas a trabajar cuatro horas y media, que en total suman jornadas de 12 horas y media. Estas labores consisten en la limpieza de la vivienda, cuidado a infancias, preparación de los alimentos, cuidado y asistencia a personas con dependencia, entre otros, explicó. “En El Salvador, el 45% de los hogares tienen jefatura femenina: son más pobres y con más vulnerabilidad social. Estas mujeres están sosteniendo el hogar en las condiciones mencionadas, ganando menos, trabajando más y les toca sostener esos hogares solas”.
El Salvador, junto a Guatemala y Honduras, no ha aprobado la ratificación del Convenio 189 de la OIT, que promueve el pago del salario mínimo, jornadas laborales de 8 horas, seguridad social, bonificación anual, aguinaldo, vacaciones, indemnización al ser despedidas sin causa justificada, descanso semanal de 24 horas, determinar y asegurar las condiciones mínimas en el trabajo.
Otra participante, la pedagoga y educadora popular Liss Pérez, expresó que el cuidado como derecho humano implica ser cuidada, derecho a recibir atenciones de calidad, suficientes y adecuadas para vivir con dignidad.
“Nos ven fuera de la economía, y no dejamos de ver que esto tiene una causa estructural. La división de quienes hacemos trabajo productivo, que genera, y el reproductivo, que no genera. La división social del trabajo, quién hace qué trabajo y qué valor tiene en función del modelo económico que nos excluye y nos oprime”.
En el panel de intercambio participó la socióloga feminista, docente e investigadora, Ana Silvia Monzón, quien hizo un repaso histórico por la división del trabajo. “Las mujeres gestamos y parimos. Los humanos somos una especie que depende de los cuidados al nacer”.
El feminismo define que hay un despojo en la energía de las mujeres, de sus conocimientos y recursos, lo que las limita a realizar proyectos de vida autónomos. “El capitalismo despojó a las mujeres y las puso al servicio gratuito del capital. Ese dinero se lo regalamos las mujeres al sistema económico”, afirmó Monzón.

Jakelin Coyán, una trabajadora doméstica asociada en la Asociación Mujeres en Solidaridad, toma notas durante la intervención de Ana Silvia Monzón. Foto: Violeta Cetino
La socióloga dijo que en el siglo XX surgieron las cadenas globales de cuidado: en los países desarrollados la población de personas mayores aumentó, por lo que las mujeres migraron a esos países y dejaron a otras mujeres en sus casas cuidando a sus familias. Ya en el siglo XXI se transitó hacia el paradigma de la sociedad del cuidado.
A la actividad también fueron invitadas por el Consorcio representantes de gobierno para conocer cómo se aborda el tema de los cuidados desde el Ejecutivo. Por el Ministerio de Desarrollo Social, acudió la antropóloga Diani Cabrera, quien expuso sobre un convenio de coordinación interinstitucional que busca diseñar acciones a corto, mediano y largo plazo que, desde el enfoque de los cuidados, permita desarrollar la atención a la población en situaciones de vulnerabilidad y de personas con necesidad de cuidados.
Teresa Fuentes, encargada de la sección Mujer Trabajadora, del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, habló sobre la economía del trabajo. “Las trabajadoras del hogar y de casa particular deben ganar un salario mínimo no agrícola (Q4,0252.28)”. Aseguró que desde el Mintrab se ha promovido la instalación de salas de lactancia materna; capacitaciones, formaciones y certificaciones.
La viceministra de Trabajo y Previsión Social, Claudia Peneleu, se sumó en la parte final del intercambio, e indicó que es importante reconocer el aporte de las mujeres en todos los temas de cuidados dirigidos al adulto mayor y a la niñez.
Finalmente, se abrió un espacio de intercambio con las trabajadoras domésticas y representantes de las diferentes organizaciones que participaron. Seledonia Vicente, mujer maya K’iche’, asociada en el Centro de Apoyo para las Trabajadoras de Casa Particular (Centracap), organización invitada por el Consorcio, indicó que las trabajadoras domésticas y de los cuidados necesitan una política nacional de cuidados. “Las mujeres merecemos tener una vida libre de violencias. Las ponencias que hicieron las expertas nos serán de utilidad para construir el buen vivir, como mujeres somos parte del desarrollo pero lamentablemente el patriarcado nos ha alejado de ese buen vivir”, puntualizó.

Seledonia Vicente, mujer maya K’iche’, lideresa de Centracap en su intervención. Foto: Violeta Cetino
Participaron de esta nota
Violeta Cetino
Periodista en Ruda desde agosto de 2023. Especialista en temas de género, negritud, disidencia sexual, infancias y adolescencias… Y amante de los gatos.