Mujer barre el piso y en el fondo hay elementos que representan sus antiguos sueños. Foto: Angie Ross

Una vida en el trabajo doméstico y los sueños engavetados de Cristy

Escrito por Lucero Sapalú

Doña Cristy es una trabajadora de casa particular que realiza esta actividad económica desde los nueve años. A sus 63, ni siquiera piensa en retirarse pues no cuenta con un fondo para cubrir sus gastos durante la vejez. 

Por Lucero Sapalú 

El recuerdo que tiene doña Cristy de su niñez no es jugando con sus amigas, yendo de paseo con su familia o estudiando. Su primer recuerdo es que a cuatro cuadras de su casa se llevaba la tinaja a una pila y acarreaba agua; después ayudaba a su mamá a tortear de lunes a sábado para ganarse Q8 al mes.

El servicio lo ofrecía a una vecina que durante muchos años le abrió las puertas de su casa y le dio trabajo, una mujer que también “ayudó” a su mamá quien trabajaba haciendo tortillas con la misma persona. 

A sus diez años, doña Cristy acompañaba a su papá desde las periferias de la ciudad, en la zona 13, donde nació y creció, a vender verduras en el mercado La Presidenta, ubicado en la zona 1 de la capital donde le daban 25 centavos por el trabajo realizado. Durante esa época, doña Cristy pudo estudiar y hasta sus 16 años cursó el quinto grado de primaria.

Hasta que un día, una señora llegó al puesto de verduras de su papá y le dijo que necesitaba a una persona que la “ayudara” en los trabajos domésticos. “Ese día hablamos con mi papá y pensamos que ganaría mejor y tendría un trabajo para apoyarnos en la casa, y acepté”, recordó.  

Con la llegada del trabajo, sus oportunidades de estudiar terminaron y abandonó las aulas. Tomó la escoba, el trapeador, se puso el delantal y empezó a trabajar en casas ajenas. De eso han transcurrido 47 años y ha pensado en abandonar el oficio, pero luego reflexiona que durante los años de trabajo el ingreso económico le ha servido únicamente para el día a día. “¿Quién me va a mantener a mí?”, dijo contundente, cuando se le preguntó si dejará el trabajo debido a su edad. 

Una vida cuidando a sus hijos, ahora a sus nietos 

Actualmente, doña Cristy tiene 63 años, dos hijas y cuatro nietos. Durante 38 años de vida cuidó y mantuvo a su hijo mayor quien nació con un trastorno cerebral llamado epilepsia y padecía de constantes convulsiones. Por su condición de salud, él no pudo encontrar trabajo y doña Cristy se encargaba de sus gastos y de cuidarlo. Hoy en día, ella cuida de sus nietos en horas de la tarde, al salir de su trabajo, en una casa particular en la zona 9 de la capital. 

Mujer sentada sobre una silla a contraluz.

Doña Cristy se ha dedicado al trabajo doméstico desde su infancia, engavetando sus sueños de dedicarse a la cocina profesional o a ser cultora de belleza. 

Foto: Nora Pérez

Al regresar a su casa, cuida de sus nietos mientras su hija sale a trabajar en el mismo oficio que ella: trabajadora doméstica en casa particular.  

Aquella noche de julio, antes de llegar al taller donde compartiría su experiencia en el trabajo doméstico y de los cuidados remunerado y no remunerado, con periodistas de Ruda y Prensa Comunitaria, se desveló con sus nietos, pues su hija tomó un trabajo extra para generar mayores ingresos al hogar, contó entre bostezos. 

“Los nenes no se dormían, tuve que estar con ellos mientras mi hija venía. Después me levanté a hacer oficio en mi casa a eso de las 5:00 para venir aquí al taller. Solo almuerzo y me voy corriendo a la casa donde trabajo, porque hoy no he hecho nada, para cumplir con mi día laboral”, explicó doña Cristy. 

Casi dos décadas de trabajo doméstico en la misma casa 

Doña Cristy trabaja en una casa particular ubicada en la zona 9. Ha laborado los últimos 16 años en este lugar y con la misma familia. “Son muy amables y comprensibles y recientemente me aumentaron el sueldo”, narró mientras sonreía. 

Su alegría se debe a que durante los últimos años ha devengado un salario de Q800 al mes por una jornada laboral de lunes a viernes de 7:00 a 15:00 horas, pero recientemente le aumentaron Q200. Su salario actual es de Q1,000.

En Guatemala no está reglamentado el salario mínimo para las trabajadoras de casa particular y casi siempre la decisión de pagarlo o no está en la persona empleadora. Sin embargo, según el Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradomsa) y el Ministerio de Trabajo y Previsión Social (Mintrab), el pago de prestaciones laborales aplica para todas las trabajadoras domésticas, Bono 14, Aguinaldo, vacaciones, y el monto de Q4,002.28 como salario mínimo, establecido para actividades no agrícolas en el departamento de Guatemala.

Doña Cristy dijo que su salario ahora es únicamente para ella y para los gastos del hogar que comparte con sus hijas. Además, por cuidar a sus nietos, su hija le “reconoce algo”, dijo con timidez y con cierta nostalgia. 

La melancolía se debe a que ahora sus ingresos económicos son para ella, pero recordó esos días donde debía sostener a sus tres hijos con ese ingreso pues se quedó viuda desde joven y tuvo que ver sola por sus hijos. 

Con el paso de los años para doña Cristy la vida se ha convertido completamente en una rutina. Casi a diario se va a trabajar, sale de la casa donde trabaja, cuida de sus nietos y descansa, y el día se repite. Recordó que lo más difícil durante sus años como trabajadora de casa particular es que ha sido mucho el trabajo y poca la paga. 

“Recuerdo que hubo una familia que por Q35 quería que le limpiara, lavara, planchara y cocinara. En realidad uno está necesitado y lo hice, pero era muy poca paga para tanto trabajo”, lamentó.

En su oficio también tuvo tragos amargos, como el día que por accidente se quebraron unas macetas en una casa donde trabajaba. “La señora pensó que yo lo había roto y se enojó conmigo”, detalló. Doña Cristy trabajó un par de meses en otra casa donde, según contó, su empleadora le limitaba la comida o no quería que ella comiera en su casa, “pero sus nietos eran muy buena gente y le decían que no debía ser así conmigo”, puntualizó. 

De acuerdo con Rosa Marina Escobar, de la Asociación Mujeres en Solidaridad, históricamente el trabajo doméstico ha sido visto como una extensión natural del trabajo que hacen las mujeres y no como un empleo con derechos. “Cuando ese trabajo se invisibiliza, también se invisibilizan las violencias que ocurren dentro de él”, aseguró. 

Para doña Cristy el trabajo doméstico y de cuidados, ya sea remunerado o no remunerado, debe ser reconocido como un trabajo porque es un esfuerzo que realiza la otra persona. “Es un trabajo como cualquiera y debe ser pagado”, dijo. 

Además, explicó que el trabajo debería incluir también una serie de prestaciones, y que en su caso, sí recibe bono 14 y aguinaldo, pero consideró indispensable que se contemple un seguro médico pues dijo que con el paso de los años se hace más vital cuidar de la salud. “Lo más difícil es comprar medicinas porque sale muy caro y como no tenemos acceso a ningún seguro, es más difícil”, detalló. 

Actualmente, el Programa Especial de Protección para Trabajadoras de Casa Particular (Precapi) ofrece protección en caso de maternidad y accidentes; además, es opcional que las y los empleadores inscriban a las trabajadoras domésticas que cuidan de sus hogares. 

Sitradomsa plantea que el Precapi debe avanzar progresivamente para incorporar al programa enfermedad común, invalidez y sobrevivencia, y que más trabajadoras puedan estar afiliadas al Seguro Social, pues únicamente cubre a quienes laboran en el departamento de Guatemala. 

Doña Cristy explicó que para ella el trabajo del hogar se ha convertido en parte de su vida. “Me gusta mi trabajo porque me entretengo limpiando y he descubierto en mí que soy muy diligente”, sonrió. 

Pese a que diariamente doña Cristy se dedica al trabajo doméstico y de cuidados, ella soñaba  con aprender de manera profesional el arte de la cocina, o tal vez llegar a ser cultora de belleza, sueños que engavetó hace más de 47 años, cuando tomó la única opción que tenía para obtener un ingreso económico: dedicarse a ser trabajadora doméstica y de casa particular. 

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Lucero Sapalú

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