Verano: inseguridades que también llegan con el traje de baño
Escrito por Viviana Bran
El verano llegó y con él los días soleados. Para muchas personas, eso significa playa. Para mí, en cambio, significa enfrentar algo más que el calor o la arena. Quizá soy la única que se siente así, pero desde mi historia, una en la que ni siquiera sé nadar, la playa no es un espacio cómodo, al menos para mí. Es un lugar donde el cuerpo se vuelve visible, donde no hay capas que lo oculten, donde el traje de baño deja poco espacio para esconder inseguridades que, al menos en mi mente, enfrento.
Por Viviana Bran
No es una sensación sencilla de explicar, pero sí muy presente. Para alguien que ha usado traje de baño apenas dos veces en su vida, cada experiencia pesa, cada mirada se siente, y más en nuestras mentes con inseguridades que se pueden sentir constantemente, y en el cuerpo que habitamos; nos pueden seguir o al menos eso puedo percibir desde espectadora de otras mujeres que no se sienten cómodas con un traje de baño, que sirve para compararnos con otras mujeres con cuerpos “perfectos”.
Esta tinta me surge especialmente en estas fechas, cuando muchas mujeres se enfrentan al mismo escenario, ¿o seré la única que vive eso?: la playa como un espacio que debería ser de descanso, pero que también puede convertirse en un lugar de incomodidad. No por el mar, sino por lo que cargamos dentro. Porque crecer siendo mujer también implica aprender a mirar nuestro cuerpo desde estándares ajenos. Ideas de cuerpos “perfectos” que no siempre se dicen en voz alta, pero que están en todas partes, y la playa, donde estamos al descubierto disfrutando nuestro momento de conectar con la arena y el sol.
Y es en ese momento, cuando el cuerpo está más expuesto, que también aparecen las preguntas: ¿cómo debería verme?, ¿qué pensarán?, ¿esto está bien?, ¿esto es suficiente? Preguntas que no sé si solo pasaron por mi mente en esas dos ocasiones. La playa, que debería ser un espacio de descanso, se convierte en un espejo incómodo que no sé si mi mente lo rebusca. Uno construido por años de comentarios, comparaciones y silencios. Porque no siempre alguien nos dijo directamente que nuestro cuerpo no era suficiente, pero lo aprendimos igual.
Lo aprendimos viendo a otras mujeres, viendo qué cuerpos eran celebrados y cuáles no. Lo aprendimos en redes sociales, en conversaciones pequeñas, en bromas que parecían inofensivas. Y sin darnos cuenta, empezamos a habitarnos desde la duda. Por eso, usar un traje de baño no es solo usar una prenda. Es enfrentarse a todo lo que pensamos de nosotras mismas y enfrentarnos a voces que no nos dejan ser.
Y tal vez no todas lo vivimos igual, pero sé que no soy la única. Sé que hay más mujeres que han sentido esa incomodidad, ese impulso de cubrirse, de compararse, de pensar demasiado en un momento que debería ser simple, por ejemplo, "Yo compré el que tiene tal persona, pero a mí no se me ve igual". Y está bien, todas somos diferentes y nuestros cuerpos también. Al final del día, no hablo solo de trajes de baño, sino de toda la ropa. Quizá esta columna no tiene una solución. No es un “ámate tal como eres” porque sé que no siempre es tan fácil. Pero sí es una pausa para reconocer que estas inseguridades existen, que no nacieron de la nada, y que no estamos solas en esto; habemos más mujeres que podemos sentir así como yo.
Tal vez el primer paso no es amar nuestro cuerpo en traje de baño o en cualquier otra ropa. Tal vez el primer paso es dejar de castigarnos tanto por algo trivial como nuestra ropa, como yo lo llamo. Disfrutemos de cada ropa; al final del día, es nuestro cuerpo con nuestra comodidad lo que realmente importa, y solo es la voz en nuestras cabezas la que nos está saboteando.
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Viviana Bran
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