Yolanda Flores: una mujer que lidera la lucha por los derechos de las trabajadoras domésticas en Guatemala
Mi nombre es Yolanda Flores. Actualmente, soy secretaria general del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia (Sitradomsa), y esta es mi historia.
Por Yolanda Flores
Cuando vivíamos en Taxisco, Santa Rosa, todo era muy lindo: el calor, los ríos y un gran patio. Mi mamá era la única costurera del pueblo y hacía uniformes y vestidos que aprendió a hacer sin hacer patrones.
Su trabajo ya no le permitía hacerse cargo de nosotros, entonces contrató a una persona que nos cuidara y nos decía, “Ella es su nana, los va a cuidar y ustedes la tienen que respetar y hacerle caso”.
Cuando yo tenía 5 años me enfermé y me llevaron de emergencia a un hospital en la capital, donde me quedé internada. Cada vez que mis papás me visitaban en el hospital, yo tenía una nueva enfermedad y no me daban de alta.

Yolanda Flores, primera de izquierda a derecha, en su juventud junto a su familia.
Foto: cortesía
Mis papás empezaron a vender todo y lo poco que tenían se lo trajeron a la capital. Alquilaron un cuarto donde vivíamos todos amontonados, mi papá encontró un trabajo como encargado de obra y mi mamá lavaba y planchaba ropa para apoyar la economía familiar.
Al cumplir yo 9 años, una señora le dijo a mi mamá que ella me quería para hacerle compañía, así que empecé a trabajar con la señora para hacerle mandados y acompañarla.
Yo le decía a mi mamá, “Regresemos al pueblo, a mí no me gusta la capital, allá nos cuidaban y ahora yo cuido”. Al pueblo solo íbamos de visita a ver a los abuelos.
Mi mamá, tan linda, porque no decía que la razón de quedarnos fue que yo me enfermé y se habían quedado sin nada. Ella decía que los materiales solo son prestados, pero que Dios nos tenía con salud a todos.
Nos enseñaron que para tener hay que trabajar. Solo tengo sexto primaria porque la necesidad del hogar era mucha y teníamos que trabajar para apoyar a mi mamá.
A los 16 años me casaron, ya mi papá estaba enfermo y un año después, murió. Mi mamá, un ejemplo de mujer luchona: sacó adelante a mis hermanos.
Yo, con el tiempo, casada y con cuatro hijos, trabajé en casa (particular), luego en maquila y después de los 37 años ya no me daban trabajo. Entonces me invitaron a talleres sobre derechos laborales donde me explicaron que las trabajadoras domésticas tenemos derechos desde que uno empieza a trabajar en una casa.

Yolanda Flores, tercera de izquierda a derecha, junto a lideresas de organizaciones de mujeres y trabajadoras domésticas de Centroamérica.
Foto: Violeta Cetino
Tarde conocí mis derechos, pero ahora que soy afiliada de Sitradomsa he tenido la oportunidad de conocer a muchas organizaciones que luchan por los derechos de las mujeres.
Sitradomsa está afiliado a la FITH (Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar), quienes pagaron mi boleto para participar en unos talleres de formación sindical, en Buenos Aires, Argentina. También estamos afiliadas a Conlatraho (Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar) y por medio de esta organización participé y formé parte de una agenda regional, representando a Sitradomsa.

Trabajadoras domésticas afiliadas a Sitradomsa en las afueras del Congreso, exigiendo la ratificación del Convenio 189 de la OIT.
Foto: cortesía
En esas capacitaciones conocí que el trabajo no remunerado lo hacemos en casa y también donde trabajamos. Hoy en día luchamos con las compañeras frente al Congreso, haciendo cabildeos, visitando las oficinas de diputados para lograr que agenden otra vez la Iniciativa 4981 que busca ratificar el Convenio 189 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Esta es una herramienta para las trabajadoras domésticas, para dignificar el trabajo que hacemos y tener un contrato de trabajo con condiciones dignas.
Violeta Cetino
En América Latina existen esfuerzos importantes de organizaciones de mujeres, sindicatos de trabajadoras, feministas y de sociedad civil para la creación de plataformas que garanticen la corresponsabilidad social y pública de los cuidados. Lideresas de Bolivia y Guatemala expertas en el tema intercambiaron y analizaron, en un diálogo político y académico, los procesos que dichos esfuerzos han significado en sus países.
Josefina Espinoza es una mujer de 60 años, originaria del municipio de Santa Rosa. Desde hace 10 años es parte del Sindicato de Trabajadoras Domésticas, Similares y a Cuenta Propia, Sitradomsa. Tuve la oportunidad de conocer su historia de vida en un taller dirigido a periodistas y columnistas de Ruda y Prensa Comunitaria junto a trabajadoras domésticas y de casa particular, como parte de la campaña de sensibilización “No es ayuda, es trabajo”. Aquí presento su historia, que merece ser conocida, tal y como ella me la contó.
“Me sentía como desnuda”, me dijo Caty cuando recordó el día en que dejó de usar su indumentaria maya para ponerse el uniforme de trabajadora de casa particular. Había dejado atrás los campos abiertos de Sacapulas, Quiché, para llegar a un cuarto pequeño en la ciudad de Guatemala. Esta es su historia.
Lucero Sapalú
Doña Cristy es una trabajadora de casa particular que realiza esta actividad económica desde los nueve años. A sus 63, ni siquiera piensa en retirarse pues no cuenta con un fondo para cubrir sus gastos durante la vejez.