Yuvelis Morales Blanco, la activista colombiana que obtuvo el Premio Goldman 2026
Escrito por Desinformémonos
Por Ana Cristina Alvarado
Yuvelis Morales Blanco era estudiante universitaria cuando el Gobierno colombiano anunció dos proyectos de fracking en Puerto Wilches, departamento de Santander. La joven, que vivió de cerca la contaminación ambiental de la industria hidrocarburífera, dejó sus estudios para ayudar a movilizar a la comunidad y, en 2022, consiguieron parar la introducción de esta técnica de extracción de gas y petróleo. Dos años después, la Corte Constitucional confirmó que los proyectos violaron el derecho a la consulta previa, libre e informada. Por este logro, la defensora de 24 años es una de las seis personas que recibieron este 20 de abril el Premio Medioambiental Goldman 2026. Este es considerado el galardón más prestigioso a nivel internacional para activistas ambientales de base. Se otorga anualmente a defensores de todo el mundo.
“Es un reconocimiento a la labor de quienes han defendido el agua, la vida y el territorio en Colombia, es un reconocimiento a la comunidad de pescadores del municipio Puerto Wilches y a la Alianza Colombia Libre de Fracking”, dice Morales Blanco en conversación con Mongabay Latam. “Me siento muy feliz y emocionada. También es un gran logro personal”, añade.
Yuvelis Morales Blanco creció a orillas del Magdalena Medio. Para su familia, de pescadores artesanales, el río era como una madre que proveía lo necesario para vivir. En 2018, un masivo derrame de petróleo provocó el desplazamiento de unas 100 familias, la muerte de miles de animales y la mortandad masiva de peces. Esto marcó un punto de inflexión en su vida.

Mural alusivo contra el fracking en una de las calles principales de Puerto Wilches. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
Pero se acercaba lo que consideró una amenaza aún más grande, la fracturación hidráulica, conocida como fracking. Esta técnica está prohibida desde 2011 en Francia y otros países por el riesgo de contaminación de agua subterránea y la potencial ocurrencia de sismos.
Este es el primer año en que las seis ganadoras son mujeres. Iroro Tanshi, de Nigeria, fue premiada en África; Borim Kim, de Corea del Sur, en Asia; Sara Finch, de Reino Unido, en Europa; Theonila Roka Matbob, de Papúa Nueva Guinea, en Islas y Naciones Insulares; Alannah Acaq Hurley, de Estados Unidos, en Norteamérica; y Yuvelis Morales Blanco, de Colombia, en América del Sur y Central.
La columna vertebral ribereña, amenazada
Puerto Wilches está en el Valle Medio del río Magdalena, el afluente más importante del país por atravesar gran parte de Colombia y conectar diversas culturas a su paso.
Allí habitan pescadores artesanales y campesinos, por lo que se considera una columna vertebral de la cultura ribereña. “Yo misma hago parte de la comunidad de pescadores artesanales, una comunidad que ha resistido y vivido en la orilla del río por tantas generaciones”, dice Morales Blanco. Además, la zona es rica en acuíferos subterráneos y superficiales.

Yuvelis Morales Blanco muestra un pez capturado en un recorrido con pescadores por el río Magdalena. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
Desde hace un siglo enfrenta derrames frecuentes de la industria petrolera y también ha sido una de las regiones más afectadas por el conflicto armado. “Hemos vivido bastantes hechos dolorosos, sin embargo, le seguimos apostando a la paz, a la vida, a los derechos humanos y, por supuesto, a los derechos de la naturaleza”, añade la ganadora del Goldman.
Mongabay Latam habló con Morales Blanco sobre la extracción hidrocarburífera en el Magdalena Medio y lo que conlleva proteger la naturaleza en el país más peligroso para los defensores ambientales.
–¿Cómo describiría la paradoja que vive el Magdalena Medio siendo una región tan rica en recursos energéticos?
–Una realidad innegable es que el Magdalena Medio entregó energía hidrocarburífera a Colombia por más de 100 años. A pesar de eso sigue siendo una de las regiones más empobrecidas del país, con índices de educación bajos, un sistema de salud precarizado y gente que tiene que irse porque no hay universidad en Puerto Wilches.
Tenemos una de las mayores riquezas energéticas y una pobreza social que va a extenderse si es que la apuesta principal sigue siendo la destrucción de los ecosistemas por la extracción de combustibles fósiles.

Venta de pescado en el puerto fluvial de Puerto Wilches, junto al río Magdalena. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
–¿Cuáles han sido los impactos de esta industria en la naturaleza y en las personas?
–El Magdalena Medio ha sido el centro de la explotación hidrocarburífera en el país y ha sido vista como una región que tiene que ser sacrificada. Esto ha hecho que haya una disputa territorial gigante.
Vemos, por una arista, a la extracción hidrocarburífera como la promesa de desarrollo, pero, por otro lado, vemos a la población sumida en guerra, masacres, miserias, asesinatos, desplazamientos forzados y exilios.
Esta región se encuentra en un gran conflicto y ese conflicto, entrando en materia de fracking, nos hace ser el pilar de la discusión mineroenergética en un país que habla de la transición energética y, al mismo tiempo, habla de fracking como la solución.

En la Ciénaga de Miramar junto a la refinería principal de Ecopetrol. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
–Ha habido varios derrames importantes de petróleo en la zona. ¿El río y el ambiente han sido reparados?
–Ha habido bastantes derrames, el mayor que hemos vivido es el del pozo Lizama 158 [en 2018]. Sigue siendo la gran muestra de cómo la irresponsabilidad corporativa nos lleva a un deterioro ecosistémico, a la degradación de la naturaleza, a la indignifcación de la vida de las comunidades. Con gran desdén, la industria los llama “eventos operacionales” o un simple “error de cálculos”, como si fuera algo que se puede solucionar y mediar en un corto plazo.
Sin embargo, no es tan sencillo, tiene que ver con la vida humana, con la fauna y flora de la región. Ellos miden los derrames en barriles, en kilómetros; para nosotros es la vida misma afectada, los peces, los cultivos, los animalitos. El Magdalena es un eje fundamental de la economía en la región, nos conecta con el resto del país, no es cosa mínima.
Las empresas hacen una cantidad de derrames y después hablan de mitigación, reparación, contención. Pero un derrame trae afectaciones ambientales, transgresión de derechos humanos cuando no se puede consumir agua ni obtener alimento.
Dicen que van a remediar, pero ponen unas argollas de contención que dejan abandonadas. No hay realmente una responsabilidad ni interés corporativo para remediar algo. Además, no se puede reparar de un día a otro algo que está causando un malestar y un rompimiento en una cadena natural. Consideramos que hay una gran falta de empatía.
No puedes compensar a una familia que vivía de la pesca en tal quebrada que quedó totalmente contaminada. Son daños irreparables.
Defender Puerto Wilches vino con amenazas a la vida

En 2018, el crudo se extendió por 24 kilómetros en la quebrada La Lizama y el Caño Muerto, Santander. Foto: cortesía Fundación de periodistas víctimas del conflicto armado en Colombia (FUNPERPAZ)
La noche del 29 de enero de 2021, dos hombres desconocidos habrían irrumpido en el domicilio de Yuvelis y la habrían amenazado de muerte, advirtiéndole que “dejara de joder” porque la “podían matar cualquier día”, de acuerdo con información que recogió el Observatorio Mundial Contra la Tortura.
Horas antes, la defensora intervino como portavoz de la Alianza Colombia Libre de Fracking en una audiencia pública sobre los riesgos de esta actividad. El evento fue convocado por la Cámara de Representantes de Colombia. Ante la falta de investigación y medidas de protección, Morales Blanco se vio obligada a salir de Puerto Wilches.
Actualmente prefiere no hablar del caso porque continúa en investigación fiscal. “La Justicia colombiana no ha podido condenar ni le ha interesado investigar estos hechos que no solamente son en mi contra, sino también en contra de otros y otras compañeras. No hay justicia para la lucha antifracking en Colombia”, asegura.
–¿Cómo se involucró con la defensa territorial?
–No sé si haya un momento en el que uno empieza a hacer una defensa territorial formal, pero en 2019 ingresé a la Alianza Colombia Libre de Fracking. Ahí empieza mi lucha más grande, la defensa en contra del fracking, por la vida, por la naturaleza.
No es menor luchar contra el fracking en el país que sigue siendo el más peligroso para ejercer liderazgo ambiental y social en el mundo, particularmente en la región en la que vivo. La defensa territorial atraviesa nuestros proyectos de vida, sobre todo a nosotras, mujeres, jóvenes y racializadas.
Hacemos una defensa territorial diferenciada, porque vivimos en una región masculinizada, con prácticas machistas instaladas con la industria hidrocarburífera. Donde hay explotación y presencia foránea, las mujeres resultamos más vulnerables dentro de esta cadena social que marginaliza a las comunidades y que nos ve solamente como un punto de paso para hacer grande la industria.

Yuvelis Morales Blanco, sentada en un bote sobre el río Magdalena, frente a su casa. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
–¿Cuándo se incrementaron los riesgos?
–En 2021 casi me matan. Cuando fue candidato, el presidente de ese entonces [Iván Duque] prometía en mi departamento que jamás haría fracking, luego llegó al Gobierno y fue uno de los principales impulsores de esta actividad en el Magdalena Medio.
Fue un año bastante desastroso en materia mineroenergética en el país. Nos decían que se van a acabar las reservas de petróleo y la única opción es hacer fracking para darle energía al país. La región escogida para esto fue el Magdalena Medio, como la mayoría de ocasiones. Tenemos esta gran pobreza por tener riqueza, qué ironía de la vida.
En 2021, se recrudeció la violencia hacia defensores y defensoras ambientales en la región, no solamente hacia mí. Sufrimos violencia, amenazas, desplazamientos y también somos víctimas de asesinatos que se mantienen impunes.
–¿Se concretó la incursión del fracking en el Magdalena Medio?
–El Gobierno que iba de salida tuvo la necesidad de dejar instalados los proyectos piloto de investigación integral, con licencias ambientales, estudios de impacto ambiental, entre otras tantas cosas que se necesitan para hacer un proyecto de interés público legal.
Ellos no tenían nada de eso y se encontraron con una gran pared: la comunidad de Puerto Wilches y yo integrada en ellos. Hubo un punto de inflexión, porque no vamos a negociar nunca nuestro territorio.
Han usado varias estrategias, como separar e individualizar a las personas, especialmente a las mujeres. Nos separan, usando nuestros cuerpos, nuestras vidas, nuestras intimidades como arma de acusación para alejarnos de la comunidad, sin embargo, conmigo no les ha quedado tan fácil.

Vista aérea de la unión de los ríos Sogamoso y Magdalena. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
–¿Qué pasó después de las amenazas?
–En 2021 me fui a Francia, fue una decisión bastante dura. Mi caso no es aislado, hace parte de los miles de casos que tenemos en Colombia de quienes defendemos la vida, el agua y el territorio.
En 2022 regresé a Colombia y volví con mucha más fuerza porque aprendí que la prohibición del fracking es posible. Hay casos en Francia, Reino Unido, Alemania. Lo prohíben por transgresión a los derechos humanos, contaminación, pérdidas, una cantidad de cosas.
Aún así en Colombia seguimos con la discusión de prohibirlo o no, me parece bastante irresponsable que sigamos con esta discusión que no es ligera, pero que antepone la lucha por la vida.
La oposición al fracking y la protección del Magdalena Medio

Uno de los mensajes que se pintaron en la tradicional carrera séptima de Bogotá en el Día del Medio Ambiente en 2021. Foto: cortesía Alianza Colombia Libre de Fracking
–¿Cómo fue su regreso a Colombia después del exilio?
–Regresé a Puerto Wilches en 2022. Duré un año en Francia, fui bastante rebelde y nacionalista como para quedarme. Regresé a la Alianza Colombia Libre de Fracking. Ha sido bastante lindo regresar pese a todas las circunstancias de seguridad y revictimización. Sin embargo, defender el territorio es una decisión consciente que uno toma en un país tan peligroso para ejercer el liderazgo.
Una gran victoria ha sido que Colombia, un productor de petróleo, está impulsando la primera conferencia para una transición más allá de los combustibles fósiles. Van más de 50 países confirmados para hablar de cómo será posible este mundo sin combustibles fósiles.
Quien no hable ni actúe sobre la transición energética se está quedando en el mundo de los fósiles. La actualidad mundial y la geopolítica nos demuestra que el petróleo no es la salida, no es viable y que, por supuesto, no es rentable.

Yuvelis Morales Blanco es parte de la organización Alianza Colombia Libre de Fracking. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
–¿Le preocupa qué camino tomará Colombia en las próximas elecciones?
–Los gobiernos tienen que gobernar por la vida. Quien esté en este momento y después gobernando para Colombia no tiene que ser impermeable a la lucha por la vida, la resistencia comunitaria, el cuidado de la naturaleza. No hacerlo sería realmente irresponsable y no sería nada congruente en el país más hermoso del mundo.
–¿Qué le mantiene en pie de lucha?
–A mí me mantiene en pie de lucha la esperanza. Vivo en ese río, es imponente, bastante hermoso. Me tocó vivir en uno de los pedacitos más bonitos que tiene, en el valle. Atardece con el río de fondo, con montañas, con el cielo anaranjado. Veo a la gente feliz en ese río, bañándose, buscando su porvenir, encontrando la certeza del mañana.
Me da esperanza saber que hago parte de la generación y la gente que lo defiende y lo cuida. Me da esperanza vivir en el lugar en el que vivo.
Este premio llega a demostrarle a Colombia y al mundo que nosotros estamos ahí, que está la lucha contra el fracking, que se está premiando la vida, que Colombia es el país de la vida. Por eso tenemos la obligación legal y social de prohibir el fracking.
*Imagen principal: la ganadora del Premio Goldman 2026, junto al río Magdalena. Foto: cortesía Christian Escobar Mora
Publicado originalmente en Mongabay
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