La escritora Jennie Gabriela Salazar Baños sosteniendo su libro después de su presentación. Fotografía por: Derik Mazariegos.

Escritora petenera Jennie Salazar presenta su libro Cuerpos de Estaciones

Escrito por Prensa Comunitaria

“Desde mi perspectiva, el mayor enemigo para las mujeres, para su creatividad y su potencial es la cotidianidad”. Jennie Gabriela Salazar Baños, escritora petenera.

Por Jorge Fernández 

La autora petenera Jennie Gabriela Baños Salazar presentó su primera publicación Cuerpos de Estaciones con la editorial Cazam Ah, donde temas como la guerra, la represión y la condición femenina atraviesan la narrativa de sus relatos. 

Aunque es su primer libro, Baños Salazar cuenta ya con una trayectoria de escritura sólida y consciente. 

La presentación se realizó el 13 de noviembre de 2025 en La Teca, ubicada en la zona 1 de la ciudad de Guatemala, junto a tres nuevos libros que se sumaron al catálogo editorial de Cazam Ah. 

Baños Salazar junto a Javier Martínez, editor de Cazam Ah y el escritor Mario Cardona, quien también presentó su nuevo libro. Fotografía por Derik Mazariegos. 

Una escritora joven, pero experimentada

Jennie Gabriela Baños Salazar, conocida por sus amistades y familiares como Gaby, nació en la isla de Flores, Petén, en 2002, en un territorio marcado por el choque de distintas capas históricas, capas sobrepuestas como antiguos templos. Un pasado maya, grandioso y milenario, convive ahí con un presente mestizo atravesado por tensiones y contradicciones que esto implica, así también con una cosmovisión ancestral que, pese al borrado histórico, encuentra grietas y rupturas y continúa filtrándose en la vida cotidiana. En ese espacio, la memoria suele transmitirse más por la voz que por los libros.

Baños Salazar creció entre paisajes insulares y las crecidas del lago Petén Itzá, rodeada de relatos familiares y costumbres heredadas. Antes de pensar en la escritura como oficio, fue oyente: escuchó las historias que sus abuelas le narraban y aprendió, sin saberlo, que contar también es una forma de conservar y reinventar, de volver a tejer algunos de los hilos rotos que atraviesan la historia de Guatemala y de América Latina.

Con el tiempo, esa relación íntima que Baños Salazar tiene con la palabra y con los libros, siendo una lectora meticulosa y analítica, se transformó en escritura. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde su amor por la literatura se complementó con la Academia.  

Su trabajo ha sido reconocido en distintas ediciones de los Juegos Florales del departamento de Petén, donde no solo ha participado, sino que también ha formado parte del jurado en ediciones recientes. En 2024 obtuvo el primer lugar en la categoría diamante del Primer Concurso Literario Regional organizado por el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) con su cuento “El eco del tren”, un relato que circula también en formato sonoro en la plataforma de Spotify. 

Además, Gabriela fue finalista del Concurso Nacional María Goybaud de Castillo. Más allá de los reconocimientos, su escritura mantiene un vínculo constante con el lugar de origen: el pueblo, la isla, las voces de su gente que luchan por ser escuchadas desde la distancia, desde la lejanía de la metrópoli. 

Público asistente a la presentación de los nuevos títulos publicados por Cazam Ah. Fotografía por Derik Mazariegos. 

Las estaciones, el territorio y otras influencias 

Durante la presentación de su libro, Jennie Gabriela Baños Salazar volvió a las historias que escuchó en la infancia: los cuentos de su abuela, las voces de su comunidad y la vida cotidiana de su tierra. Ese universo aparece como el primer impulso de una escritura que busca dialogar con el territorio y con la memoria que lo habita. Desde ahí, desde una tradición oral y doméstica, se configuran los relatos que integran Cuerpos de estaciones.

Sin embargo, la autora no bebe solo de ese pozo para nutrir sus relatos. La guerra, la muerte, la represión, la injusticia y, sobre todo, la condición femenina atraviesa su narrativa. Desde lo personal y lo comunitario, su escritura busca trascender la experiencia individual y alcanzar una resonancia más amplia, donde lo íntimo se vuelve también colectivo.

En su libro, Baños Salazar construye protagonistas mujeres como una decisión consciente y política: narrar el mundo desde cuerpos históricamente atravesados por la rutina, la invisibilidad, la violencia y las exigencias de lo cotidiano. Para la autora, el mayor antagonista de muchas de sus historias no es una figura externa ni un conflicto extraordinario, sino la vida diaria misma, la cotidianidad, con su capacidad de erosionar, silenciar y moldear los cuerpos femeninos desde lo aparentemente inofensivo.

Esa tensión se manifiesta en relatos diversos: la historia de dos hermanas separadas por la dureza de la vida y reencontradas años después; la de una tejedora (o bruja) que resguarda la tradición oral de su tierra; o la de mujeres sentenciadas al fusilamiento por alzar la voz contra la violencia y la injusticia. En todos ellos, las protagonistas enfrentan de primera mano un orden que se empeña en callarlas, pero que no logra borrar del todo su memoria ni su resistencia.

El título del libro funciona como una clave de lectura. Cuerpos de estaciones alude a los cambios del clima y a la manera en que estos se reflejan en las emociones y en la experiencia corporal de los personajes. Aunque en Petén las estaciones parecen reducirse a dos, la autora reconoce una sensibilidad particular para percibir sus variaciones: la llegada de la sequía, el inicio de las lluvias, los vientos del norte que anuncian transformaciones. Esos cambios, casi imperceptibles, atraviesan el cuerpo y el ánimo, y se convierten en una metáfora del tránsito emocional que recorren los relatos.

En los cuentos de Baños Salazar, el cuerpo siente y las estaciones (reales o simbólicas) marcan el ritmo de una escritura que entiende la experiencia humana como algo cambiante y profundamente ligado al territorio.

Presentación y discurso introductorio por parte del editor Javier Martínez. Fotografía por Derik Mazariegos. 

Una presencia necesaria

Baños Salazar no se concibe a sí misma como una figura pública; su labor como escritora nunca buscó y no busca los reflectores. Es una autora tímida, reacia a las cámaras y a la exposición constante que hoy parece exigirse a quien publica un libro. Por eso, la aparición de Cuerpos de estaciones y su presentación pública significaron para ella un reto que desbordó lo literario. Estar ahí, poner el rostro, la voz y su nombre ante el público fue también una forma de asumir una responsabilidad histórica que no le resulta ajena.

Ser mujer, joven y petenera en el panorama editorial guatemalteco convierte su escritura en un gesto político, incluso antes de ser leída. En un campo donde las mujeres han sido durante décadas relegadas, publicadas de manera anónima o despojadas de la autoría de sus textos, la imagen de una escritora que se nombra y se reconoce como tal adquiere un peso simbólico dentro de la sociedad guatemalteca y el mundo en general. Baños Salazar es consciente de esa herencia de silencios y ausencias, y entiende su presencia no como un privilegio individual, sino como parte de una disputa más amplia por el lugar de las mujeres en la literatura.

Desde esa conciencia, la autora sostiene una consigna clara: el arte como forma de resistencia. Para ella, escribir va más allá de un mero ejercicio estético y emocional; para ella la escritura es una manera de confrontar un sistema que históricamente ha marginado ciertas voces, voces que comparten similitudes y condiciones con ella misma. 

Esa misma postura se extiende también al territorio. Baños Salazar conoce la necesidad de que las historias de Guatemala dejen de escribirse únicamente desde la capital y de que sean las voces del interior las que narren sus propias experiencias. Frente a la idea de que esas vivencias no son universales, hablar desde Petén, desde la periferia es una forma de disputar el centro y de afirmar que también ahí se construye literatura.

La autora habla sobre su proceso creativo en la presentación de su libro. Fotografía por Derik Mazariegos. 

Desde la periferia la escritura también se construye 

En sus textos, Jennie refleja la necesidad de preservar los elementos que la formaron como escritora, lectora y habitante de su territorio: las tradiciones, las pequeñas historias, la observación del mundo y los gestos cotidianos que corren el riesgo de desaparecer ante el paso del tiempo. Difundirlos, reescribirlos y convertirlos en relato es, para ella, una manera de sostener la memoria, de buscar su propia identidad y la de su pueblo, y de permitir que el mundo conozca una parte del país que pocas veces ocupa el centro de la literatura.

Desde Petén, desde la periferia y desde la experiencia femenina, su escritura también se piensa, se siente y se construye como parte de las nuevas voces dentro de la literatura nacional. En un país donde muchas historias han sido contadas por otros y desde otros lugares, Cuerpos de estaciones es una invitación a escuchar las voces que vienen del margen, aquellas que, como las estaciones, transforman el paisaje sin pedir permiso.

Sobre la editorial 

La editorial guatemalteca Cazam Ah, que este año cumplió diez años de trabajo continuo, se ha consolidado como un espacio clave para la publicación de autores nacionales e internacionales cuyas propuestas destacan por su calidad literaria y su carácter innovador dentro del panorama cultural del país. 

Su catálogo se ha caracterizado por la diversidad de voces, estilos y territorios, así como por abrir sus puertas a autores jóvenes y a narrativas provenientes de regiones históricamente poco visibilizadas en la literatura guatemalteca.

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