Glenda Alvarez
Glenda Alvarez
Exfiscales y abogadas guatemaltecas expusieron que el sistema penal en el país ha sido utilizado para perseguir a mujeres que investigaron casos de corrupción, en un patrón que incluye prisión preventiva abusiva, ataques digitales y desplazamiento forzado.
En una audiencia regional realizada en Guatemala, mujeres sobrevivientes de violencia de género, abogadas y organizaciones denunciaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que los mecanismos internacionales de restitución de niñas y niños siguen operando sin perspectiva de género. Advirtieron que, en muchos casos, las madres que huyen de la violencia doméstica hacia otros países terminan criminalizadas y separadas de sus hijas e hijos.
Organizaciones, sobrevivientes y especialistas alertaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que los esfuerzos para modificar o suprimir identidades LGBTIQ+ continúan ocurriendo en América Latina bajo discursos religiosos, familiares y médicos.
Tras casi siete años de búsqueda de justicia, una jueza ligó a proceso penal este 2 de marzo al pastor evangélico Delisio Alberto Ramírez Cifuentes por el femicidio de Paola Azucena Pérez Meza. El caso, ocurrido en 2019, evidencia los obstáculos que enfrentan las familias para obtener justicia en Guatemala. Mientras el proceso avanza, la familia de la joven revive el dolor de un crimen que estuvo durante años sin responsables.
El Puente Colonial Los Esclavos es una de las obras más antiguas del período colonial en Guatemala. Más allá de su valor arquitectónico, su historia está vinculada al trabajo forzado del pueblo Xinka y al sistema de dominación que sostuvo la colonia. Cada 17 de febrero, la comunidad conmemora su aniversario no como celebración del monumento, sino como ejercicio de memoria histórica.
El Puente Los Esclavos en Santa Rosa se transformó el pasado 17 de febrero en un escenario de reivindicación política y resistencia liderado por mujeres. Con la investidura de la nueva Uyuha’ Xinka Alaya’ (Hija del Pueblo Xinka), la juventud y abuelas de la región desafían el olvido histórico, el racismo y el machismo.
Por generaciones en el cantón Tecuaco la siembra de manía (cacahuate) ha sostenido la mesa y el bolsillo de varias personas. Aquí, lejos del ruido de las grandes carreteras y mercados, familias campesinas sostienen una tradición agrícola que va más allá de la producción. En cada semilla sembrada hay un pedazo de historia, un aprendizaje heredado y un proyecto de vida colectivo.
En Guatemala, defender los derechos humanos no solo implica levantar la voz, sino también arriesgar la vida. Makrina Gudiel lo sabe desde muy joven: la desaparición forzada de su hermano y el asesinato de su padre marcaron su historia familiar con dolor, pero también con una convicción inquebrantable. Lejos de silenciarla, la convirtió en una de las voces más firmes en la lucha por la justicia y la memoria. Su recorrido ha sido fundamental para que el Estado reconozca, por fin, la necesidad de proteger a quienes defienden la vida y los derechos colectivos.
El pueblo Xinka ha sido empujado por siglos a hacerse invisible. Hubo despojos materiales e identitarios; se arrinconó el idioma; se les clasificó como ladinos en los censos; se sembró una “normalidad” que expulsaba lo propio. Pero la identidad no es un museo: es una decisión que se ejercita. Y el baile de los Canchuleros, humilde y festivo, es un modo de ejercerla.
Por Glenda Alvarez